La política en su ocaso, acerca de un libro de Emmanuel Rodríguez

Emmanuel RodríguezLa lectura crítica del último libro de Emmanuel Rodríguez nos es útil para poder realizar una reflexión más general sobre una serie de cuestiones, que se tocan en el libro, a partir de lo acontecido en esta zona del mundo desde el 2011: cuestiones que van desde el 15M a la naturaleza de Podemos y el “asalto institucional”, desde la definición de las clases a la descomposición del capitalismo, desde la democracia al carácter estratégico o/y programático de un proyecto comunista (incluyendo si éste ha de ser o no revolucionario).

Por eso es quizás interesante poder dividir este texto en partes que toquen lo que creemos constituyen los aspectos más importantes.

A) En primer lugar aconteció lo sorprendente, el 15M como descarga eléctrica, como pandemia que asaltó ciudades y fronteras con su contagio viral, la semilla germinó al contacto de miles de cuerpos que rompieron su aislamiento. Como dice el mismo Emmanuel, el acontecimiento fue imprevisible, su letra no estaba escrita en los acontecimientos anteriores. Compartimos estas reflexiones del autor que van en la línea de lo que Bordiga llamaba ionización social. La revolución es un auténtico seísmo social que llega de manera imprevista, lo que se encuentra separado (e idiotizado) en los tiempos normales (partículas fragmentadas que se dan entre sí la espalda) se transforma, en una inmensa convergencia espontánea, durante los tiempos concentrados de revuelta, rebelión y revolución. Un germen de eso fue lo que vivimos en el año 2011, desde Tahrir al 15M, desde Siria a Estados Unidos… Esa descarga eléctrica, que forma la comunidad de lucha contra el capital y el Estado, expresada en todo fermento revolucionario, es lo que posibilita pensar la posibilidad del comunismo como un movimiento real que supera las condiciones existentes. El comunismo no es un movimiento ideal e ilustrado sino que surge de los antagonismos sociales que se determinan en el suelo del conflicto social y de las determinaciones que, dicho antagonismo, impelen a romper y superar las separaciones que caracterizan la sociedad del capital. Las revoluciones no son obra de minorías ilustradas sino de los movimientos telúricos de las inmensas mayorías sociales, del proletariado que se constituye en clase, las revoluciones no se crean desde minorías previas de vanguardia, se dirigen desde la misma clase que se constituye en Partido. Si bien Emmanuel lee de manera correcta la primera parte de nuestro argumento no lo hace con sus consecuencias y determinaciones programáticas ulteriores, veremos que esto es normal debido a la ausencia de una perspectiva programática de tipo revolucionario y comunista por parte suya. De esta manera tiene una dificultad (común al activismo de izquierdas español más radical) en leer y analizar el carácter irregular de toda lucha de clases en la sociedad del capital que no sea capaz de transcrecer en un sentido revolucionario y sobre todo destruir las categorías centrales del capital como relación social (el dinero, la mercancía, el Estado, la democracia…). La irregularidad es consustancial a la reproducción atomizada del dominio del capital, éste encuentra su nodo central en la subsunción del trabajo en el capital, a diferencia de las perspectivas gramscianas, tan de moda en la actualidad, que hacen de la hegemonía del capital algo voluntaristas y extraeconómico dominado por los aparatos comunicativos y educativos de la burguesía. En el momento en que refluye la ionización social resurge la inercia social a la atomización social. Pero eso no tiene que ser una condena de Sísifo, una tormentosa piedra con la que cargar siempre, la revolución (como bien vislumbraba Marx) es un topo que elabora de modo subterráneo para poder emerger con más fuerza y determinación en el futuro (es lo que ha hecho en numerosas ocasiones en el pasado) y es a dicha convergencia asintótica a la que tenemos que prepararnos los comunistas. Hay que recordar siempre las últimas palabras de Rosa Luxemburgo: «La revolución fue, es y será».

B) Esta lectura es la que lastra en análisis ulterior de Emmanuel Rodríguez que en realidad es común al llamado momento electoral. La incapacidad de entender lo inercial del reflujo tras un momento de ascenso y creación social como fue el 15M. La apología de lo social se convirtió en su contrario, la apología de la autonomía de lo político e implicó la disolución de buena parte de “los movimientos sociales y de la izquierda radical” en el fenómeno Podemos. Emmanuel realiza de ello un análisis periodístico, documentado en los hechos acaecidos, utilizando una metáfora para ello: “el techo de cristal” de los movimientos. La imposibilidad de instituir un poder constituyente desde lo social llevó a buscar instituirlo desde el asalto institucional. Como hemos visto en la parte anterior de nuestro texto, este límite se debe a la incapacidad de entender el carácter irregular de la lucha por el comunismo en la sociedad del capital y, en última ratio, en la ausencia de una perspectiva de clase por parte no sólo del autor sino del conjunto de la izquierda y la extrema izquierda española (cuando hablamos de perspectiva de clase, como quedará claro en las notas posteriores, no estamos defendiendo una perspectiva sociológica de ésta). En realidad esta parte del libro pierde potencia crítica en relación a otras partes (como no podía ser menos) debido a que la idea del asalto institucional por parte de los movimientos sociales es común a todo el espectro de la izquierda “radical” española y no sólo al núcleo fundador de Podemos. En esta perspectiva, se encontró también tras el 15M la corriente autónoma, vinculada a la librería madrileña Traficantes de Sueños, en la que milita el autor desde hace lustros. La contraposición entre política estatal y municipalismo es una polarización muy frágil como demuestran los ejemplos de Ahora Madrid o de Barcelona en Comú. En última instancia, y como indicábamos al inicio de este punto, esta fragilidad es un límite colectivo, la del autor y su corriente de referencia, el movimiento autónomo madrileño, una corriente que realizó históricamente una apología del crecimiento endógeno de lo social y de los movimientos sociales (pensamos por ejemplo a la experiencia de Lucha Autónoma), como contraposición institucional pero sin referencias programáticas, como si la forma de lo social constituye una garantía en sí misma. Y, sin embargo, la revolución no es una cuestión de formas sino de contenidos. Este vacío programático se convierte con el paso del tiempo en lo contrario, en la necesidad de una intervención política en las instituciones desde los movimientos. Una trayectoria muy influenciada por la misma evolución de la autonomía italiana y por referentes como Antonio Negri.

C) Podemos es criticado justamente como un modelo centralista, jacobino, pragmático y populista. La máxima expresión de esto fue el modelo que emergió en Vistalegre I donde el Secretario General tenía más poder formal que un Secretario General del PCUS (Pablo Iglesias podía nombrar a su dirección ejecutiva de confianza y, sin embargo, la formalidad de organismos fue mantenida incluso en los tiempos del PCUS de Stalin, como para su desgracia descubrió Beria cuando fue purgado por el resto de la dirección rusa en la batalla de poder que emprendió contra él Kruschev). Ahora bien, y como decíamos anteriormente, la solución no se encuentra en un terreno formal, no se trata de oponer un modelo más federal o de control de los círculos (como en su día realizó Izquierda Anticapitalistas) o municipalista (como realiza el autor) porque el problema es de sustancia, es de contenidos, se encuentra en la misma idea del asalto institucional, que conlleva el sometimiento a una lógica estatal que no controlan sus fautores. Como dijimos en su día ¿Quién asalta a quién? http://colectivogerminal.org/%EF%BB%BF%EF%BB%BF-podemos-quien-asalta-a-quien-iii/ Es la función institucional, de gestión del capital, quien determina a quien ocupa el cargo y no al contrario, lo que deriva de la lógica impersonal y abstracta del dominio del capital. Uno, bajo una sociedad donde reina el flujo permanente de mercancías, no puede ocupar un cargo estatal y hacer que estas no fluyan, y en esto consiste en buena medida el dominio del capital y con él el desastre catastrófico al que somos abocados permanentemente como especie.    VISTALEGRE PODEMOS

D) Como analiza con pericia Emmanuel Rodríguez, Podemos se ha convertido en un partido entre otros, un partido como los demás (en cualquier caso no estaría de más que si eso es así se abandonase dicho partido ya sea formalmente o como personalidad afín). La intriga es el modo permanente de ser de la organización, un tacticismo continuo e hipersensible a los cambios mínimos de coyuntura, conspiraciones palaciegas como el día a día que ritma la organización o luchas de poder dignas de familias napolitanas. Nada de esto es exagerado, más bien se queda corto. En parte apunta a que se debe a la misma lógica electoral y al estatismo que atenaza a la perspectiva de Podemos desde su fundación. En esa misma línea, habría que escarbar más profundamente en la perspectiva de lo que decíamos más arriba, pero sobre todo en una crítica general a la democracia, de la que se encuentra muy alejado alguien como Emmanuel Rodríguez. A nosotras y nosotros no nos extraña que un Partido como Podemos se haya convertido en un partido como los demás, llevamos sosteniendo esa perspectiva desde 2014, no es una perspectiva accidental es sustancial a la política institucional y burguesa. Una agrupación que se reúne para la conquista del poder político, donde el moralismo del análisis sobre la sociedad (el problema no es del capitalismo sino de que hay una casta muy mala que se comporta de modo vampiresco frente a las mayorías sociales) se troca en su contrario en el interior de la organización: donde todo está permitido, los navajazos continuos y a traición, las rupturas de las amistades antiguas, los odios cainíticos que se expresan públicamente como fraternidades sinceras, como han dicho públicamente algunos de los protagonistas de estas peripecias a veces perciben que no son creíbles ni a sí mismos. Podemos no es sino una expresión nueva y más descompuesta de la antropología burguesa, de su fragmentación sustancial, de la guerra de todos contra todos, de las luchas y conflictos entre familias, etc. Lo que une no es una comunidad en lucha por un objetivo emancipatorio, una comunidad moral y práctica en pos de un objetivo común, donde es fundamental la coherencia humana y práctica con esos objetivos. La política acostumbra a lo peor de nuestra especie, a la separación y escisión típicas de la sociedad del capital, a decir una cosa y a hacer lo contrario. Y lo peor, en el caso de Podemos, es que rompe a personas que sinceramente querían luchar por un mundo y una humanidad mejor (aunque lo hiciesen desde una perspectiva muy equivocado en lo programático desde nuestro objetivo comunista), las rompen definitivamente para una lógica emancipatoria, porque se vuelven a casa o porque se acostumbran a la lógica bélica y desdoblada de la política burguesa.

Emmanuel en su libro critica con especial esmero al llamado sector errejonista por su reducción de la realidad del cambio a una política de discurso y de marketing electoral. Obviamente no nos podemos encontrar más alejados de esta visión profundamente postmoderna de la realidad social[1], pero nos oponemos por principio a legitimar un mal menor. Además dentro de Podemos ¿quién sería el mal menor? ¿Pablo Iglesias y su cultura y praxis inspirada claramente en los viejos partidos comunistas de estalinista memoria? o ¿Anticapitalistas y su subalternidad continua a los aparatos de Podemos, vinculados a Pablo Iglesias, y, por ende, a la institucionalidad estatal y electoral?

E) En el libro de Emmanuel es permanente su análisis acerca de las clases medias. Ahora bien ese análisis es muy confuso, a veces parece estar hablando desde un enfoque sociológico pero de carácter distributivo, por el cual serían clases medias las franjas de la sociedad que ganan entre 21.000 y 60.000 euros anuales, que tienen un determinado estatus social, capital cultural y académico y un determinado nivel de consumo. Sin embargo, en otras partes del libro, y en un artículo reciente[2], da un carácter más ideológico de la clase media, diferenciándola de la pequeña burguesía mercantil y propietaria, las clases medias serían el efecto del Estado y la negación de la clase, y en este sentido suponen la realización del Estado burgués ideal, sin antagonismos y fracturas sociales que le atraviesen, la clase media viene a ser de este modo el pueblo del Estado, despolitizado pero alimentado, vestido y protegido por éste. Esta perspectiva histórica y subjetiva, que defiende Emmanuel en el artículo citado, es más afín a la que podemos defender nosotros. Ahora bien, aún no explica adecuadamente, en nuestra opinión, cómo la clase media no es el efecto sólo del Estado sino de la misma naturaleza mercantil y fetichista de la dinámica del capital, que atomiza y fragmenta la sociedad, disolviendo las relaciones sociales en efectos del movimiento del capital percibido como una cosa. En nuestro enfoque, la clase media es la negación de la clase por parte del capital, es una expresión de la representación del trabajo dentro del capital que caracteriza a la socialdemocracia como partido histórico. Y es que el trabajo, como explicaba Marx, no sólo no está en contradicción con el capital sino que es su esencia, su permanente sustancia, quien está en contradicción es el trabajador en cuanto ser humano vampirizado permanentemente por parte del capital[3]. La relación de esta perspectiva con el marxismo dominante en la II y III Internacional por parte de Emmanuel es correcta, así como la descripción del marxismo oficial como Lassalliano (enemigo acérrimo de la perspectiva de Marx como se puede comprobar en su Crítica al Programa de Gotha). Ahora lo que está completamente ausente en Emmanuel es una perspectiva comunista, que parte del movimiento real que supera las condiciones concretas existentes, las ausencias programáticas y teóricas lastran decisivamente las reflexiones, a veces interesantes y estimulantes que puede realizar el autor. El comunismo como posibilidad concreta nace del antagonismo social inscrito en la relación fundante de nuestras sociedades, la relación entre capital y trabajo, en este sentido el proletariado se enfrenta al capital no en cuanto representante del trabajo sino en cuanto que su condición humana se ve enajenada, fragmentada, violentada permanentemente por parte de la dinámica abstracta e impersonal del capital. Esta realidad permanente e invariante de la relación capital-trabajo es la que vuelve actual siempre la posibilidad de que el proletariado se constituya en clase y, por ende, en partido que lucha por afirmar su fuerza y el comunismo.

De ahí lo falso de todas las teorías innovadoras y modernizadoras que pretenden hablar de la desaparición del proletariado, éste sólo puede desaparecer (positivamente) en el comunismo, a partir de su lucha consciente por la abolición de todas las clases sociales. En el capitalismo, la relación entre capital-trabajo no es contingente sino fundante y, por ende, amenaza siempre con aparecer y con ello la misma posibilidad del comunismo. Éste junto a la revolución no supone la ficción de una gran ordalía, como sostiene Emmanuel, producto de un pensamiento ilustrado, sino que supone un eterno-retorno mientras sigamos sometidos al reino del capital. Sus continuos e irregulares estallidos exigen, como decíamos al inicio de este texto, el encuentro de los comunistas como parte orgánica de la misma clase (no como la conciencia externa de kautskyana-leniana memoria).

F) Emmanuel reconoce la tendencia a la descomposición de la sociedad de las clases medias y en la parte final a partir de la referencia al libro de Corsino Vela[4], pero debido a los límites anteriormente indicados no explica su carácter irreversible debido al agotamiento de la sustancia del capital (un valor hinchado de valor alimentado de trabajo abstracto). Un límite vinculado en última instancia a la no comprensión del capital como una relación social reproducida permanentemente por un sujeto, el proletariado, que en este sentido puede permanentemente ponerlo en cuestión y que de hecho lo ha cuestionado en numerosas ocasiones en diferentes momentos insurreccionales. Esta ausencia es lo que explica el vacío programático de la última parte de su trabajo, la parte más propositiva y política (nos referimos al «Prólogo a un debate estratégico»). Emmanuel critica el tacticismo de Podemos para defender una visión estratégica, pero que se encuentra totalmente separada de una relación con una teoría emancipatoria y con los principios y fines del comunismo. De este modo no existe una visión programática que es la brújula estratégica que permite unir los principios y fines de la sociedad a la que aspiramos con las necesidades tácticas que emergen permanentemente ante las novedades que irrumpen en lo social[5]. Esta ausencia es decisiva porque limita el terreno de la reflexión del autor de un modo determinante. A veces pueden emerger, por aquí o por allá, críticas a las visiones ciudadanistas, democráticas, estatistas, de clase media… Pero en su sustancia las ausencias programáticas y de fines de Emmanuel Rodríguez hace que esa perspectiva en realidad sea invariante. En última instancia, el desplazar la cuestión de la revolución (y por ende del comunismo) al terreno de lo mitológico y lo imposible hace que las únicas realidades con las que puede trabajar el autor son las del capital en sus diferentes metamorfosis: el dinero (renta básica), la democracia, el Estado, el mercado, la ciudadanía, los partidos, los sindicatos… Tertium non datur: comunismo o no comunismo (como dice clásicamente la izquierda comunista italiana). Realiza de este modo una crítica de izquierdas del reformismo de Podemos, a veces interesante en sus reflexiones, pero siempre desde una perspectiva igualmente socialdemócrata en sus fundamentos, una socialdemocracia que trata de reproponer paradójicamente (por las críticas que en otros lugares realiza a Lassalle) el modelo de la socialdemocracia alemana o al PCI italiano, un movimiento social organizado como contrapoder social[6] y que desde allí de un asalto a las instituciones, ya que sólo así podrán ser definitivamente maleables (con lo que el Estado vuelve nuevamente a convertirse en una cosa que puede ser conquistada y no destruida, como pensaba Marx, al analizar el Estado, al igual que el capital, como una relación social).

Como comentábamos al inicio de este ensayo esperamos haber logrado, a partir de lo estimulante de algunos de los temas planteados por el libro y a partir de los nudos que se han desplegado en esta y otras regiones del globo en los últimos años, esclarecer los porqués de la necesaria lucha por una humanidad mejor, por el comunismo, y es que mucho más allá de lo contingente de la realidad nacional de Podemos, lo que se encuentra en su ocaso no es sólo la clase media, es el capital y su política, y amenaza con llevarnos por delante. Es demasiado lo que está en juego como para enredarse en las peleas de camarillas y familias cuyo objetivo es gestionar un barco a la deriva, el capital.

Madrid, 7 de enero de 2017

JH, Miembro del Colectivo Germinal

[1]                      Véase al respecto nuestra crítica a Laclau http://colectivogerminal.org/podemos-en-principio-fue-el-verbo-ii/

 

[2]                     Véase La clase media es el Estado, en Viento Sur nº 149.

[3]              Nos remitimos de cara a este análisis a las elaboraciones del Grupo Comunista Internacionalista (GCI) en numerosos textos, véase entre otros: El leninismo contra la revolución, Comunismo nº55, noviembre 2006, Contra el trabajo, Comunismo nº12, febrero de 1983 o ¿Proletario Yo? Contribución a una definición del proletariado, Comunismo nº 57, febrero 2008.

[4]                      Véase al respecto la recensión que hemos realizado a este interesante y estimulante libro http://colectivogerminal.org/703-2

[5]                      Sobre esta parte véase nuestra reflexión http://colectivogerminal.org/porque-fueron-subversivas-somos-el-pasado-de-nuestro-ser-i/ Estamos preparando una segunda parte de este artículo.

[6]                      De este modo se realiza además una fetichización de los “movimientos sociales” como hemos criticado en otro artículo http://colectivogerminal.org/2016/10/09/los-movimientos-sociales-fantasia-realidad/

 

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