¿Llamados al liderazgo?(II). La crisis de la crisis

Llamados al liderazgo

Miembrxs de Colectivo Germinal

La crisis de la crisis

Los problemas de la sociedad española corresponden al fin de un ciclo dominado por el espejismo de la prosperidad generada por la expansión del negocio inmobiliario y el sobrendeudamiento de hogares y empresas. Y al término del cual, las débiles bases en las que se asentó el tímido Estado del Bienestar (lo que hemos venido llamando el régimen del 78), se han resquebrajado profundamente sin que haya venido a sustituirlo un nuevo modelo de convivencia que actualizara las bases del contrato social. Esa situación de crisis, acentuada por los efectos de la crisis global desatada en 2007, se ha llevado por delante los consensos en los que se basaba el funcionamiento del sistema político y la propia estabilidad del orden social y se vive entre las clases populares, como la generalización de las adversidades que afectan a la vida cotidiana y despiertan el recelo sobre la injusticia inherente a uno y otro, y un justificado rencor hacia esos grupos sociales cuyos privilegios más contrastan con el infortunio d la mayoría.

Una situación de injusticia estructural que lleva camino de profundizarse y para la que los remedios clásicos de la política económica parecen revelarse como poco no eficaces. Porque responde a deficiencias que están en la entraña misma de funcionamiento del sistema económico y social que gestionan el Estado y el régimen político. El problema nuclear no es, con todo, la injusticia del sistema en cuanto a la distribución de sus cargas y sus recompensas. El problema hay que buscarlo en su lógica de funcionamiento que, si un día pareció ofrecer unas condiciones de vida y trabajo a la mayoría social a cambio de renunciar al producto del trabajo y la cooperación social y al protagonismo y el control sobre sus vidas, hoy no es capaz de seguir ofreciendo esas compensaciones y excluye a una parte creciente de la población del trabajo y la integración social mientras que condena a los ocupados a una vida cada vez más dura para compensar el déficit de ganancia que la exclusión del trabajo genera.

Las soluciones de aquella época no son practicables hoy. Los límites del sistema ya no son solo la contradicción entre el incremento de sus fuerzas productivas y el carácter privado de sus relaciones de producción, ni siquiera, con ser muy importante, la incapacidad de la demanda agregada para absorber el volumen creciente de productos puestos en el mercado, de realizar el valor producido

Desde hace cuatro décadas el capitalismo sobrevive huyendo hacia adelante, creando capital ficticio sobre la expectativa de un valor aún no generado1. La ley del valor, las relaciones sociales de intercambio basadas en la métrica del tiempo de trabajo, ya no funcionan como mediación social universal. El dominio fetichista de la mercancía y el dinero se muestra incapaz de integrar a sectores enteros de la población que contempla como los bienes comunes son privatizados y comercializados cuando no desvalorizados y destruidos. La pobreza y la exclusión se convierten en la perspectiva más posible para un parte creciente de la población.

Estas cuatro décadas nos han mostrado que la crisis no es una patología o una interrupción en el funcionamiento del sistema económico, la crisis es una forma de gobierno de las poblaciones. En los setenta del pasado siglo ya se teorizó por algunos sectores de la izquierda radical2el Estado crisis, una modalidad de ofensiva permanente del capital y el Estado contra las clases subalternas consistente en descargar sobre las mismas los costes crecientes de las continuas y recurrentes reestructuraciones del aparato productivo. La crisis de rentabilidad de las inversiones en capitales productivos y el consiguiente desplazamiento de las mismas hacia las finanzas ha inaugurado otro tiempo, el dela finaciarización, en el que se produce el enseñoramiento de los capitales ficticios.

Lohoff y Trenkle lo han llamado “capitalismo invertido” porque su régimen de acumulación está constituido por la anticipación de la futura producción de valor. Desde el giro de finales de los 70, minado en su propia lógica por la tercera revolución industrial, el capitalismo solo ha podido sobrevivir consumiendo por adelantado su crecimiento futuro a través de la producción de capital ficticio, ahora especialmente por la compra por los bancos centrales de deudas públicas y privadas. Desde 2007, 11 billones de euros han sido inyectados en la economía mundial para tratar de animar la actividad económica, a pasar de lo cual las perspectivas no son muy halagüeñas de acuerdo con el último informe del FMI, que reduce el crecimiento global cuatro décimas sobre sus previsiones de otoño del 2015.

No obstante lo cual, la montaña de deudas crece de forma imparable y se va generalizando la sensación de que la política de Quantitave Easing hoy es como la mascarilla de oxígeno para el cuerpo enfermo del capitalismo global

Si a pesar de esta terapia de choque3, la actividad económica no se recupera sino que se consolidan las señales de estancamiento (“estancamiento secular” lo llaman ya los economistas sistémicos) habrá que convenir que el capitalismo está tocado en su lógica interna y que la creación estatizada4 de capital ficticio solo habrá servido para prolongar su agonía y el sufrimiento para millones de personas en todo el mundo.

Los efectos se dejan sentir en la débil economía española. A pesar de la ingente volumen de recursos públicos destinados al salvamento de una parte del sistema financiero (recordemos el dato del coste de Bankia), las entidades de crédito no han sido capaces de desempeñar la primordial función de lubricar el aparato productivo. Los “regalos” del BCE se quedan en los grandes bancos y empresas, que estimuladas por la política de masivas compras de activos, multiplican sus emisiones de renta fija, en una demencial dinámica circular de dinero ficticio que no afecta para nada a la economía productiva.

La ralentización en el ritmo de la tan cacareada recuperación económica ya manifiesta sus efectos en términos de empleo. Por primera vez desde 2013 aumenta la cifra de desempleados en este primer trimestre del año y es posible que la tendencia se acentúe. Pero ahora el sector público no podrá acudir en auxilio del sector privado, trabado como está por las restricciones de las políticas austeritarias y por la enorme carga de la deuda

Algunos agentes políticos y económicosLlamados al liderazgo

La profunda deslegitimación del régimen, agudizada por la previsión de un escenario económico nada halagüeño es la que dificulta tanto la recomposición del panorama político. Tenemos sobre el tablero una serie de agentes a los que conviene analizar para entender en el plano más particular las dificultades existentes para formar gobierno.

Encontramos, en primer lugar los tres partidos del gran capital a nivel estatal, concretamente, PP, PSOE y C´s. Sus diferencias relativas no estriban a día de hoy en que representan fragmentos cualitativamente muy distintos del capital, sino que por una parte obedecen, por las circunstancias históricas de la gestación de cada uno de ellos, a distintas formas de estrategias para enfrentar la crisis, y por otra, a distintas “familias” políticas todas insertas ya en la lógica del gran capital, puesto que este y no otro es el que tiene la sartén por el mango: domina la deuda de las administraciones, produce, distribuye y pone precio a los recursos energéticos, consigue los grandes contratos de las administraciones, tiene muchas pequeñas empresas subordinadas y tiene la capacidad de estimular el movimiento de capitales: la dependencia de las administraciones es absoluta, y por tanto, lo más natural para gobernar es tejer redes de alianza que conectan a distintas personas a través de todo el aparato del Estado. Los partidos responden por tanto a distintas estrategias del gran capital, que según su carácter histórico están más capacitados para llevar a cabo.

De esta manera, el PP, gran heredero del aparato político del franquismo, ha sido históricamente el partido que mejor ha sabido apelar a los pequeños propietarios y capitalistas, bajo un discurso supuestamente liberalizador. A la vez, ha sido capaz de apelar a todos esos estratos que han naturalizado de mejor manera un discurso jerárquico y conservador. Es fundamental a la hora de entender al PP, la enorme red clientelar heredada del franquismo, tanto en aparatos de Estado, como en los distintos sectores económicos o aparatos ideológicos, como puede ser la iglesia y sus distintas filiales. Pero también las nuevas redes clientelares que se han ido tejiendo a lo largo del proceso de liberalización del suelo y de la gestión de las administraciones locales.

Por otra parte, el PSOE ha conectado con un discurso más popular y más liberalizador en las costumbres. La supuesta socialdemocracia que jamás llegó a aplicar políticas socialdemócratas. El PSOE, como ya dijimos al principio del texto, llegó al poder como la socialdemocracia que ya no podía serlo, porque la relación capital-trabajo cambiaba profundamente, y de hecho, fue un partido fundamental para comenzar los procesos de externalización y deslocalización de las empresas productivas españolas, potenciando a la par, la inversión en infraestructuras. La política del PSOE ha sido tal, que ha conducido constantemente a ir mermando sus bases. Sólo la profunda extensión del empleo y de subvenciones en ciertos lugares como Extremadura y Andalucía –estrategia clara de contención de las tensiones sociales– le dan cierta base mucho más sólida en esos territorios, además de las redes clientelares derivadas de este tipo de políticas y a una ligazón aún con sectores tradicionales del movimiento obrero y sindical.

C´s, el otro partido del gran capital, aparece como aquel que intenta hacerse un hueco entre PSOE y PP, una estrategia que apela a los emprendedores, así como a una clase media más dinámica, especialmente vinculada al sector privado, aunque no exclusivamente. De este modo, roba especialmente electores al PP, pero también consigue apelar a una buena parte –sobre todo entre 35 y 45 años– de electores descontentos con los viejos partidos, pero que no confían en una opción mucho más a la izquierda como Podemos.

Por otra parte están los agentes territoriales. No vamos a entrar en un análisis pormenorizado de estos. Sólo señalar, como decíamos más arriba, que la vertebración de la nación española ha sido históricamente muy precaria, debido, entre otras cosas, a la ausencia de una potente revolución liberal, que ha sido de hecho una de las condiciones históricas de la existencia de un populismo progresista bastante permanente durante 200 años, tanto español –que apela siempre a la construcción de una nueva república– como territorial –que apela a la construcción de otras naciones como la catalana o la vasca. Cabe decir que el ejército ha sido uno de los elementos vertebradores fundamentales por excelencia de la nación española, llevando por medio de la guerra y la represión la integración nacional. De este modo, la represión franquista fue un arma fundamental, y toda la política en relación a las distintas culturas de clase o nacionales en las dos primeras décadas tras la guerra civil se basó en el exterminio, la represión, el olvido de cualquier memoria, de cualquier cultura, de cualquier expresión alternativa, subalterna, a las expresadas en el Movimiento Nacional –el cual también sufrió un proceso de homogeinización importante. Esto explica, tanto que no es tan fácil en este país dejar de hablar de “izquierdas” y “derechas”, como también explica la existencia en Cataluña y País Vasco de un imaginario nacional más desarrollado, entre otras cosas, porque el nacionalismo se nutre de la memoria antifranquista, conformado además en múltiples prácticas que siguen teniendo fuerza.

Esto ha facilitado que un potente movimiento de deslegitimación del régimen en Cataluña haya derivado finalmente en un movimiento por la construcción de un nuevo Estado catalán, como se puede ver en la patética rendición de las CUP a Convergencia . Sin duda, haber apostado todo a un plebiscito y a unas elecciones plesbicitarias, tampoco ha ayudado mucho. Aunque también decimos que si en el resto del Estado el ciclo es todavía ambiguo, en Cataluña mucho más.

Para que no haya malos entendidos, diremos que nosotras y nosotros no estamos en contra de la autodeterminación y de la auto-organización de las distintas comunidades humanas. Lo que creemos es que eso poco tiene que ver con la construcción de un nuevo Estado-nación5.

Finalmente llegamos a Podemos como otro agente relevante de este periodo. Más adelante vamos a realizar un análisis más pormenorizado de lo que ha significado hasta hoy el asalto institucional. En todo caso, es importante resaltar que Podemos es sobre todo el partido de los estratos populares –incluso aunque retenga un voto bastante relevante de amplias clases medias– así mismo como de buena parte de esa gente joven que tiene muy pocas perspectivas de futuro. Por cierto que recoge de manera amplia muchos de los discursos que se dieron en el 15-M. Podemos representa esos estratos, esas esperanzas…las esperanzas de seguir siendo explotados por el capital, de seguir siendo ciudadanos subordinados al Estado, sólo que en mejores condiciones, sólo que volviendo al 2007. Ese es el sentido común que recoge Podemos, el sentido común de la atomización de la fuerza de trabajo frente al Estado y el Capital. Por ello mismo, es el que mejor maneja el discurso ciudadanista y democratista, que son discursos del aislamiento, de la gestión, de la toma de decisiones, pero no de la apropiación de nuestras vidas.

La probable convocatoria de unas segundas elecciones es otro paso más en la descomposición del régimen, de su esfera política, precedida de otro síntoma relevante, esto es, por la cuestión soberana en Cataluña. La crisis de régimen muestra señales de seguir agudizándose, puesto que si bien la organización de nuestras vidas por el capital parece no haber sido puesto en duda, la capacidad de funcionamiento de unos cuantos aparatos de Estado parece ser a día de hoy dudosa. Una nueva barrera aparece además en el horizonte, que es la ruptura territorial en la representación de las aspiraciones populares, de tal modo que el PSOE sigue teniendo poderosos feudos en el sur y Podemos tiene más peso en Madrid, Cataluña, País Vasco o Valencia en un momento donde las contradicciones regionales se están agudizando.

Lo que podemos observar con bastante interés es que la crisis de régimen empieza a afectar al interior de los mismos partidos. La debilidad interna de los tres partidos más votados está profundizándose a la hora de afrontar una nuevas elecciones, y en el caso del PSOE y sobre todo de Podemos, la capacidad de dominio del aparato estatal sobre los distintos aparatos territoriales es bastante dudoso.

Primera parte del artículo: ¿Llamados al liderazgo?(I). La crisis de régimen

Tercera parte del artículo: ¿Llamados al liderazgo?(III). El asalto institucional

2 La gente de la autonomía italiana pero también algunos teóricos alemanes.

3 Hay que señalar que el BCE ha elevado la cifra de compra de activos, públicos y privados, a comprar hasta 80000 millones/mes hasta marzo de 2017 y todo apunta a que después de esa fecha, se prolongará de alguna manera esta “dosis de mamut” en la inyección monetaria.

4 Es digna de ser reseñada la contradicción a la que ha abocado las tesis neoliberales. Partiendo de una ofensiva desreguladora y liberalizadora de los movimientos de capital, que confiaba en que la supresión de trabas a la creación de nuevos productos financieros estimularía la actividad económica, han concluido en una continua y acrecentada apelación al estado para mantener a flote un sistema financiero que ha estado al borde de la bancarrota repetidas veces desde 2007.

5 Posición sólo sostenible desde la perspectiva de la guerra de posiciones, que atenta contra cualquier comprensión mínimamente clara de la subsunción real y que es digna heredera de aquella pronunciada por Stalin de socialismo en un sólo país.