Comunizar los cuidados

Comunizar los cuidados

Colectivo Germinal

Se han celebrado hace poco elecciones, en los dos últimos años hemos tenido seis citas con las urnas. Así que podríamos decir que vivimos una casi permanente fiesta de la democracia, exaltación de la ciudadanía. Una ocasión para encontrarnos y reconocernos como mujeres y hombres libres y portadores de derechos recíprocamente reconocidos, fragmentos de soberanía.

Ese es a menos la teoría. En la realidad, la “fiesta de la democracia” luce en contadas ocasiones de júbilo popular y, desde luego, muy escasa de sentido comunitario. Participamos en ella previa acreditación de nuestra condición de ciudadanos, mostrando el DNI expedido por el Estado, por la policía para ser más preciso. Participación individualizada, aislada y privada de toda determinación o vínculo comunitario. Es la condición, abstracta condición, para la “igualdad de todos ante la ley”, se nos dirá. Separación, aislamiento, virtudes supremas para la democracia. ¿Es posible construir comunidad con y en estas condiciones? Una comunidad abstracta, la Nación de ciudadanos, articulada desde el reconocimiento de tal condición a cargo del Estado, entidad separada operando y gestionando los llamados “intereses generales”.

Imposible esperar cuidados o afectos de este productor de solidaridad fría y abstracta que es el Estado. El Estado solo sabe, solo puede clasificar1, estabular personas para la gestión de sus necesidades convertidas en demandas: educación, salud, transportes, dependencia, medio ambiente, etc. Pero sabemos que la mayor de las necesidades tiene que ver con la compañía y la atención de los demás. Somos lo que compartimos, lo que escuchamos y somos escuchados. Y el Estado no escucha, procesa información y con ella produce servicios públicos, lo mismo da que sea un hospital que una cárcel, una escuela que una central nuclear. Cuando hacemos uso de esos servicios-usuarios!-lo hacemos desde nuestra radical separación de los demás. Los viajes en metro son paréntesis de vida, expresión del aislamiento pretendidamente combatido con los auriculares o el móvil, ambos instrumentos de la hiperseparación.

El lunes 27J fue un lunes tan desesperante como todos los lunes, para quienes cogimos el metro a las ocho, fuera cual fuera el voto que hubiéramos depositado el día anterior y la alegría o la tristeza que nos hubieran producido los resultados electorales. La soledad y el desamparo, la frustración y la falta de horizontes que acompañan la existencia asalariada (que comparten, para su desgracia, los que aspiran a tener un salario aunque sea precario) son las sensaciones dominantes entre nosotros cuando se desvanece nuestra efímera condición de ciudadano.

La comunización de los cuidados no busca representar nada ni a nadie y por eso puede prescindir de abstracciones y separaciones. El gobierno del común es inseparable del conjunto de las esferas d la vida social. Su objeto esencial es el cuidado del común y de las personas que lo integran.

Los cuidados no constituyen el contenido de ningún servicio público; son el acontecer mismo de la existencia comunitaria.

1 Oportuno recordar aquí que el nacimiento de la estadística está indisolublemente ligado al del Estado y sus registros. Foucault ha puesto de relieve la importancia de esta técnica para el gobierno de las poblaciones y la biopolítica

 

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Análisis del seminario ‘Afectos y cuidados en tiempos del capital’