El vacío social

El vacío social - Colectivo Germinal

J. E.: miembro de Colectivo Germinal

Tal parece que se hubiera realizado la predicción marxiana de la subsunción de la sociedad civil en el Estado, que el Estado (junto con el capital) fuera la representación de la sociedad civil a efectos de su gobernación y de la gestión de los bienes comunes, del espacio y el tiempo social.

Se habría producido así el triunfo del liberalismo al haberse consolidado definitivamente la separación entre lo privado y lo público, entre el burgués y el ciudadano. En realidad a lo que asistimos es a una fusión sobre el predominio de la mercancía y sus determinaciones, una de las cuales es el Estado funcionando

Parecería como si un agotamiento insuperable hubiera invadido el cuerpo social, como si se hubiera producido la definitiva equiparación entre sociedad política y Estado. El tiempo d la sociedad civil estaría claramente separado del tiempo de la policía y “defendido” de esta y sus intromisiones por el Estado y la policía. El tiempo de la sociedad estaría claramente separado del tiempo de la política y el Estado y la policía estarían ahí precisamente para garantizar que se respetaba ese límite, que el tiempo y el espacio de la sociedad civil, tiempo privado por excelencia,era respetado y defendido de la intromisión de la política.

Proscrita la política de la sociedad civil, del espacio y el tiempo social, estos quedan a merced del capital y la mercancía cuyo movimiento y despliegue se constituyen en los auténticos ordenadores de la vida social. La totalidad de las relaciones sociales-y el trabajo, muy en primer lugar- se articulan así a través del intercambio mercantil. Más aún, en la época de la exacerbación de la competitividad, el ser de cada uno, sus dotaciones y capacidades son objeto de un minucioso examen destinado a maximizar su cotización en el mercado correspondiente.

Se observa en dimensiones distintas de la vida social. Desde luego en el acceso al mercado de trabajo, en el que cada candidato debe preocuparse por maximizar, por ampliar y mejorarlo de forma permanente y sistemática, el capital de que dispone. Pero también en la dimensión política, dónde los candidatos a políticos afinan sus dotaciones (básicamente consistentes en la capacidad de seducir al mayor número de personas y minimizar el desagrado producido).

La apoteosis del capital humano coincide con la disolución de cualquier cosa que pueda parecerse a la identidad de clase obrera. La relación salarial pierde cualquiera de las dimensiones colectivas que pudiera ahber tenido en pasado, a pesar de la vigencia formal d ela negociación colectiva d ela misma. En la realidad, cualquier trabajador sabe perfectamente que su suerte laboral y profesional dependerá sobre todo de la cotización de su capital y que la misma deberá inevitablemente entrar en concurrencia y conflicto con el resto de capitales humanos candidatos a un puesto de trabajo ó a una remuneración más alta en la empresa.

Libre pues de la molesta presencia de lo político, el espacio social se convierte en el espacio ideal para la circulación de la mercancía y el capital. Las relaciones sociales se convierten en el medio para el movimiento incesante de la mercancía, para la producción de valor y reproducción de capital.. La sociedad misma es, en realidad, el capital, ese sujeto automático del valor autovalorizándose

Volviendo al terreno de las luchas. Es una evidencia la paradoja del creciente y significativo apoyo a formaciones políticas radicales con la disminución de las luchas sociales.

La aspiración, nunca cumplida, de conjugar el trabajo parlamentario con las movilizaciones sociales se contempla cada día como más lejana. Se ha acentuado la extrema división de papeles en la sociedad capitalista y las capas subalternas, incluidos aquellos de sus sectores más radicalizados/militantes, parecen aceptar de buen grado, si no exigir, que de la política se ocupen los políticos, sus políticos, cuya misión será procurar por los medios que les son propios, mejorar las condiciones sociales de las capas que representan.

La aceptación/exigencia de esta división de funciones es uno de los más importantes triunfos de la mentalidad capitalista y del orden burgués. En lo sucesivo, la normalidad de la vida social se verá solo muy excepcionalmente interrumpida, cuando un número suficiente de sus miembros crean percibir que se ha vulnerado gravemente el orden del pacto social y demanden algún tipo de acción de entre las previstas en la Constitución y el ordenamiento jurídico

Aún cuando se diga otra cosa, las épocas de movilización social, como la vivida a partir del 15M del 2011, son percibidas como excepcionales en las que se acusa el déficit de política, de proyecto político. Desde los medios sistémicos de comunicación tanto como desde los medios de izquierda radical se apremiaba prácticamente desde los primeros días al 15M para que explicitara un proyecto político. Y aunque los segundos no se atrevieran, los primeros le censuraban su condición de free rider al tiempo que exigían su inmediata disolución por la policía.

Es que el tiempo de la política como una región separada del resto de los espacios en los que el capital ha dividido el espacio social, opera sobre el hecho mismo de una abstracción, la que separa a las personas de las condiciones sociales reales en las que se desenvuelve su existencia. En forma similar a como el valor es creado sobre la base del trabajo abstracto, gasto de tiempo de trabajo equivalente, no importa cuál sea su utilidad, el “valor político” deriva de la intercambiabilidad y la equivalencia de la condición de ciudadano, una abstracción de la realidad social de las personas.

El hacer mismo de la política, dependiente como nunca antes de la marcha de los negocios, se convierte en una pantalla que oculta la realidad de las relaciones entre los señores de las finanzas y la mayoría de la población. Una relación de poder en la que los prestamistas proveen vía los Estados a las poblaciones/clientes de los recursos necesarios para la vida (dentro de la lógica demencialmente consumista de las sociedades capitalistas de nuestros días) para que, en una relación inequívoca de vasallaje, estas poblaciones se endeuden de por vida satisfaciendo intereses que aumentarán más el poder de los señores de las finanzas.

Pero, debe advertirse, el proceso funciona solo, de forma automática, de forma que cuando hablamos de los señores de las finanzas estamos hablando de un lugar vacío. Los “señores de las finanzas” son en realidad, funcionarios del sistema financiero, un sistema que funciona ya según su propia lógica interna y ajena a cualquier decisión previa de un centro de mando. Se ha visto en esta crisis: grandes entidades financieras han ido a la quiebra y el resto se ha salvado porque los Estados prestatarios han acudido a su rescate endeudándose aún más y alimentando así el único negocio que de verdad está funcionando en el capitalismo actual, el negocio de la deuda.

El ejercicio mismo del poder se ha alejado de los centros en los que antes podíamos detectarlo. En vano lo buscaremos en los parlamentos ó en las sedes gubernamentales, por más que una y otra vez los movimientos reivindicativos vuelvan sobre sus pasos peregrinando a estas sedes vacías1. Ahora es posible detectarle de forma cotidiana en la circulación de las mercancías de la que formamos parte, en el incesante movimiento en el que participamos, en las infraestructuras absurdas en las que los gobernantes emplean el dinero de nuestros impuestos para alimentar la inagotable sed de acumulación de capital. El paisaje social que nos rodea, la normalidad de nuestros días, poblada de objetos y artilugios del capital, son los verdaderos símbolos del orden; en nuestros días el poder se ejerce por el simple y normal despliegue de la normalidad de los flujos de viajes, mercancía, información. El espacio y el tiempo social parecen poblados por estos flujos, “no son cuerpos sino flujos los que definen la materialidad social”2. Esta “densidad poblacional” no facilita los encuentros sociales, reduce en lugar de aumentar la riqueza de las relaciones sociales.

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