Hacia un balance de las izquierdas europeas

 

Apuntes

  1. Podemos: de partido de la ruptura hacia un partido del orden capitalista

 

En enero de 2014 se presentaba en Madrid el Manifiesto Mover Ficha, que iniciaría el proyecto de Podemos. La propuesta de constituir para las Elecciones Europeas de mayo una candidatura de unidad y de ruptura generó un amplío movimiento. Cuatro meses después obtuvo 1.200.000 votos y 5 eurodiputadxs, mostrando la crisis de legitimidad del sistema político y del bipartidismo que lo gobierna.

La rabia y la indignación, expresada en la amplitud y la masividad de las movilizaciones sociales que siguieron al 15M en 2011, encontraron un referente y una alternativa política en Podemos, que apareció como ‘la mejor’ opción para cambiar los 40 años del Régimen del 78.

Además de que luchando se podía ganar, surgía un nuevo movimiento político que planteaba que sí se puede también cambiar el sistema político y económico.

El éxito electoral de Podemos en las Elecciones Europeas aceleró su expansión y las decenas de círculos en semanas pasaron a cientos. Las encuestas comenzaron a reflejar que el deseo de cambio crecía entre sectores crecientes de la población. Podemos aumentaba su intención de voto y apareció como una opción real de cambio de Gobierno. ¿Por fin la ilusión y la esperanza se harían realidad?

 

Mientras hacia afuera Podemos se reforzaba como opción ganadora con el giro electoralista emprendido, entre parte de integrantes de los Círculos de Podemos comenzaron las discrepancias. Si el Programa para las Elecciones Europeas moderaba las propuestas iniciales del Manifiesto Mover Ficha (‘moratoria del pago de la deuda hasta concluir su auditoria’, ‘nacionalización de la banca privada y control sobre el movimiento de capitales’, ‘nacionalización y socialización de las empresas energéticas’, ‘prohibición de despidos en empresas con beneficios’, ‘reparto de todos los trabajos (incluido el doméstico y de cuidados’),’salarios y condiciones de trabajo dignas’, ‘salida de la OTAN’, etc.,); ahora se trataría de convencer a la mayoría evitando propuestas ideológicas para ocupar la centralidad. Mientras se insistía en que Podemos superaba el debate de izquierdas y derechas y que estaba por encima de las ideologías, mayor era el énfasis para definir a Podemos en la ideología socialdemócrata y en el modelo keynesiano. Podemos maduraba.

Este giro fue aprobado en la Asamblea Ciudadana-Congreso de otoño pasado, que también aprobó conceder poderes inusuales al Secretario General y a su equipo de dirección (Consejo Coordinador). El activismo de los círculos se diluía en beneficio de un modelo organizativo jerárquico y verticalista, cuyo epicentro recaía en la figura del líder mediático. La anunciada nueva democracia participativa se redujo a un modelo plebiscitario y burocrático similar al de los viejos partidos tradicionales. ¿Paradoja?

El giro socialdemócrata-keynesiano hacia afuera y el giro burocrático hacia adentro son expresiones de un mismo proyecto político: que la mayoría social inevitablemente sea dirigida por líderes y expertxs. Este es el modelo social dominante que, siempre renovado y reactualizado, se repite una y otra vez. Desgraciadamente.

Podemos pretendería retornar a los Estados de Bienestar, con medidas que favorecieran el crecimiento de una ‘nueva economía productiva’. Controlar el ‘mal capitalismo’ y ofrecernos un nuevo capitalismo ‘social’ que respete los derechos y las libertades.

Ante la descomposición del régimen del 78 y la inestabilidad que está generando, la dirección de Podemos propone una ‘nueva alianza’  de la ‘mayoría’ contra la ‘casta’. Se ofrece para crear un nuevo régimen.

 

 

 

  1. La debilidad de las burguesías europeas ante la crisis.

 

  1. Tras la segunda Guerra Mundial, las burguesías europeas quedaron muy debilitadas.

Además de la destrucción física del continente, el final de la guerra implicó:

—Pérdida importante de su hegemonía e influencia mundial, y de parte de sus dominios coloniales, que fue sustituida por la nueva hegemonía de EEUU.

—La recomposición capitalista del continente se hizo acorde a los intereses de EEUU, quedando las burguesías europeas supeditadas a su dominio.

—Pérdida de legitimidad por la complicidad de parte de las burguesías europeas con la expansión nazi.

—Prestigio de la ‘comunista’ URSS ante derrota del nazismo y ‘ocupación’ de sus tropas de la mitad este de Europa imponiendo gobiernos ‘comunistas’. Aunque el Pacto EEUU-URSS  (Coexistencia Pacífica y reparto Zonas Influencia) aseguraba al oeste de Europa bajo dominio capitalista, en sus fronteras gran presencia ejércitos ‘comunistas’.

—Auge y prestigio de las organizaciones obreras, por su papel en las resistencias populares. Fuertes movilizaciones populares en algunos países llevaron a organizaciones obreras a Gobiernos. Para ganar estabilidad, y legitimidad, las burguesías obligadas a conceder derechos y mejoras sociales, base del Pacto Social europeo que luego serían los Estados de bienestar, el ‘modelo social’ europeo.

—El capitalismo europeo emergió de la segunda guerra mundial en una relación de fuerzas desfavorable, ante la fuerza de sus propios movimientos obreros y populares y ante la hegemonía y centralidad económica de EEUU.

 

  1. B. La crisis de 1969-75 cuestionó el sistema capitalista mundial. La solución fue sustituir el modelo keynesiano por el neoliberalismo, la ‘producción’ por la ‘financiarización’.

—Aunque las burguesías europeas habían ganado legitimidad y una relación de fuerzas más favorable, ante la oleada de protestas, e incluso revueltas (mayo 1968 en Francia, ocupaciones de fábricas en 1969 en Italia, etc.), el pacto social europeo, salvo excepciones, se mantuvo, aunque en condiciones más ventajosas para las burguesías, quienes no podían desprenderse de la colaboración y complicidad de las burocracias políticas y sindicales reformistas para calmar y encauzar las asiduas protestas.

—La dificultad para romper el pacto social europeo implicó, comparativamente respecto a otras burguesías, que las europeas arrastraron un ‘coste’ (social) añadido que en la competencia mundial era un lastre. Mientras EEUU (maccartismo) y Japón (¿??) derrotaron y reprimieron a sus movimientos obreros y populares, en Europa las burguesías no pudieron desatar una represión continua que derrotara al conjunto movimiento obrero, que seguía siendo uno de los más fuertes y organizados del mundo.

 

  1. El Tratado de Maastricht, firmado en 1992 y aplicado un año después, intentó cambiar la situación. La primera década neoliberal (años 80) desmanteló las grandes industrias que concentraban los núcleos más consolidados del sindicalismo. Las resistencias obreras fueron derrotadas. La Europa productiva se fue terciarizando, financiarizando. Ello implicó un cambio sustancial en la composición de la clase trabajadora (fragmentación, desregulaciones, etc.). En paralelo a este proceso se dio un ‘salto’ en las burocracias sindicales: ‘aceptando’ el neoliberalismo. El tratado de Maastricht pretendió consolidar y profundizar la nueva relación de fuerzas favorable al capital, desprendiéndose del ‘coste social’ europeo.

La experiencia demostró que no sería tan sencillo. Por ejemplo, en Francia, uno de los países centrales de la economía europea, la avalancha privatizadora acordada en Maastricht encontró una inesperada y fuerte resistencia entre lxs empleadxs públicxs (1995-96), quienes levantaron nuevos ‘instrumentos sindicales de lucha’ para radicalizar sus movilizaciones. Al final, el Gobierno francés cedió y negoció con las direcciones sindicales su aplicación a ritmo lento.

La aparición de ‘nuevos instrumentos’ de lucha fue una característica extendida en varios países, entre ellos Italia (comitatos de base). Para un sector del activismo sindical la caída del muro se entendió como más democracia de base, más asambleísmo… Aquí vivimos la huelga de la EMT-Madrid y la aparición de la Plataforma Sindical, fueron años en que se extendió en banca, sanidad, educación, etc., el inusual mal hábito de que las asambleas votaran contra acuerdos firmados.

Entre movimientos juveniles y otros movimientos sociales, este fenómeno fue más intenso, aunque por desgracia en el movimiento obrero acabaría extinguiéndose y las burocracias recuperarían su capacidad de control, aunque más desprestigiadas.

 

  1. Aunque en el movimiento obrero aparecieron ‘nuevas expresiones’ organizativas más radicalizadas, no consiguieron sustituir a las burocracias. El cambio entre la clase trabajadora era muy profundo (se aborda en los textos sobre economía y sobre sindicalismo), y las nuevas alternativas, en su mayoría, no comprendieron que el problema no se limitaba a sustituir unxs dirigentes vendidos y corruptos por otros más honestos y radicales. Muchas ‘alternativas’ menguaron o se extinguieron. El movimiento obrero pasó a ‘sindical’ y luego a ‘laboral’ (derrota ideológica). El movimiento obrero, como tal, fue desapareciendo de la escena política.

—El movimiento obrero no sólo perdió centralidad en las protestas, sino presencia social y política. Esto fue un hecho político de gran importancia. Fue el efecto postrero de la caída del muro. El movimiento obrero no sólo fue derrotado sino que se le declaró obsoleto y extinguido. La clase trabajadora desapareció de la agenda política de mayoría  de las izquierdas. La imagen de unxs dirigentes sindicales institucionalizadxs, burocratizadxs, corruptxs… fue nociva.

—La resistencia ante los planes capitalistas fue adoptando nuevas formas. A los movimientos estudiantiles, feministas, ecologistas, etc., se unieron movimientos de ‘nuevo tipo’. El movimiento antiglobalización sería un ejemplo. Aunaba movimientos anteriores ofreciendo una nueva perspectiva de lucha ‘global’ e internacional. Nuevos sectores de la población afectada por los recortes encontraron en el movimiento antiglobalización el instrumento para expresar su protesta, que llegaría a extenderse y radicalizarse. Los Foros Sociales agruparon durante unos años al activismo. Seatle, Génova… marcaron su punto álgido. Pero el fulgor del movimiento antiglobalización pronto decayó. Su potencial anticapitalismo fue menguando y parte de sus promotorxs fueron cooptados por los Estados, acabando en el bochornoso Foro Social Mundial de Nairobi (2007). No obstante, parte de las reflexiones que emanaron de estos años plantearían aspectos esenciales a profundizar para cualquier proyecto socialista y revolucionario. En este sentido, algunas aportaciones feministas, ecosocialistas, sobre la autoorganización, etc., contenían  una radicalidad que debería rescatarse.

 

  1. Aunque las burguesías europeas consiguieron en la década de los 90 del siglo pasado una relación de fuerzas favorable, siempre tuvieron dificultades. Las resistencias sufrían derrotas pero renacían de nuevas formas. Por ejemplo, tras arduas negociaciones pactaron la Constitución Europea, síntesis estelar de su ofensiva, pero las votaciones en Holanda, Francia e Irlanda les aguaron la celebración. La ‘democracia política’ sería reconducida hacia la nueva ‘gobernanza europea’, impulsora de sistemas autoritarios cuyo epicentro consistía en eliminar la ‘independencia’ de la política respecto de los intereses financiero-industriales. Eliminar la incertidumbre ante los vaivenes electorales. La ‘soberanía popular’ se deshizo.

La pérdida de legitimidad de los Estados europeos (democráticos y sociales) se comenzaría a expresar. La democracia parlamentaria, como decían, fue perdiendo ‘calidad’ y aumentaba la desafección de las poblaciones hacia sus instituciones, sus gobiernos, sus partidos, etc. La mayoría de Estados fueron avanzando leyes que recortaban las libertades, que reforzaban la autoridad y el control policial, que profundizaban el racismo, la persecución del activismo político y social… Sin renunciar a la formalidad parlamentaria, los cambios caminan hacia Estados autoritarios donde el ‘orden del capital’ se instituye como nuevo eje organizador de la acción de los diferentes gobiernos europeos. Las necesidades del capital se reconvierten en las legitimadoras.

 

  1. La relación de fuerzas a favor del capital al interior de Europa permitiría a las burguesías europeas mayores facilidades para hacer frente a su debilidad en el mercado mundial. El sueño de ganar ‘autonomía’ respecto al bloque norteamericano (con hegemonía de EEUU) nunca pasó de ser un sueño (las negociaciones del TTIP lo reiteran). El bloque asiático (ahora con hegemonía de China), basado en mínimos costes sociales (laborales, medioambientales…), ha ganado influencia en el mercado mundial. Entre la hegemonía ‘tecnológica’ de EEUU y la extensión del capitalismo de ‘bajo coste’, el capitalismo europeo mostraba una debilidad estructural.

Iniciada la crisis de 2007-2008, el bloque europeo optó por lanzar una ofensiva sin concesiones que mejorara la ‘competitividad’ del continente. Reforzar los núcleos de más ‘valor’ y, por otro lado, eliminar el lastre del ‘coste social europeo’ (derechos laborales, sociales, ambientales, democráticos, servicios públicos…) Aquello que dificulte los beneficios será considerado un ‘obstáculo’ a eliminar. Será declarado obsoleto. Se procedió a una devaluación interna.

 

  1. La Comisión Europea capitanea esta ofensiva. El pacto social se quebró. Las concesiones desaparecieron. La tasa de explotación aumentó, y tras ella la pobreza se extendió por Europa, especialmente en el sur, aunque no exclusivamente (recordemos Irlanda, Islandia…).

—Los ‘ajustes duros’ se han extendido a Italia, Bélgica y Francia, países centrales de la economía europea; ajustes realizados por gobiernos ‘de izquierdas’ (Renzi, Hollande-Valls…).

—El capital desnuda su carácter parasitario y muestra que su ‘recuperación’ requiere necesariamente aumentar la desigualdad social-salarial. La salida capitalista a su crisis impone un nuevo modelo social, donde millones de trabajadorxs europexs resultarán ‘innecesarixs’ y otrxs tantos sólo a ‘bajo coste’. El ‘desarrollo’ del capital genera una profunda ‘regresión’ social.

—Los Estados como garantes de la cohesión social, de la redistribución, del equilibrio entre antagonismos extremos, se han quebrado. Han perdido su ‘neutralidad’ y su papel de ‘árbitros’, cuya función era evitar la lucha y conseguir la conciliación de clases, la primacía del interés ‘nacional’. Ya no aparecen ‘por encima e independientes’ de las clases en conflicto, sino al servicio de la economía especulativa (la gobernanza). Esta deslegitimación se refuerza con la pauperización acelerada (proletarización) de las llamadas clases medias, antaño base social y colchón amortiguador de los Estados del bienestar.

—El proceso hacia la creación de las deudas soberanas ha consolidado un salto en el papel de los Estados, reforzándolos como garantes del expolio de los pueblos para asegurar la acumulación parasitaria del capital europeo dominante. El discurso ‘menos Estado’ ha creado Superestados. Capital dominante alemán, inglés, francés → Comisión Bruselas/Eurogrupo/BCE → Estados-Gobiernos → Autonomías/Regiones/Aytos… se ha establecido una pirámide de dominación europea que recuerda modos de vasallaje y sumisión casi feudal. Cada institución aplica las órdenes de arriba y las hace cumplir hacia abajo. En la cúspide la oligarquía financiera dominante, aspirando riqueza a cambio de papel-bonos. El papel de Estados e instituciones: garantizar que la cadena funcione eficazmente, eliminando los ‘obstáculos’ que impidan esta masiva transferencia de riqueza.

 

 

 

  1. La crisis cambió la situación política. Nuevos fenómenos y nuevos retos

 

  1. A. La década de los 90 conocieron la expansión gloriosa de la globalización y la explosión de la burbuja tecnológica en el 2000-2001. Esta explosión fue un síntoma (y no ‘la causa’) de las dificultades de la economía capitalista mundial para superar su crisis.

 

  1. B. Como en otras ocasiones, los nuevos vientos se iniciaron en algunos países donde el expolio capitalista llevó a la ruina a poblaciones enteras. En años 80 fue la década de la deuda externa en América del sur, central y el Caribe. Fue un saqueo que continuó en años 90. Los pueblos comenzaron a movilizarse. Revueltas populares, insurrecciones, motines, huelgas generales, etc., comenzaron a extenderse por diferentes países. Ante la descomposición social, todos los sectores se movilizaron: trabajadorxs, jóvenes, campesinxs, indígenas, mujeres, etc.

—Las organizaciones políticas socialdemócratas, stalinistas, nacionalistas, etc., gestoras y corresponsables en la aplicación de los ajustes neoliberales sufrieron un desgaste y de su crisis emergieron nuevas alternativas. Surgieron nuevos partidos, nuevos agrupamientos, nuevas alianzas, que al calor de las protestas se convirtieron en opciones electorales exitosas, comenzando a ocupar espacios institucionales hasta concluir en bastantes países con la conquista de los gobiernos.

 

  1. C. Destacaría una característica que se ha ido manteniendo y reforzando en las luchas sociales: su regionalización y/o continentalidad. Así sucedió cuando las revueltas de los pueblos del este europeo contra las dictaduras stalinistas, y así sucedería en América del sur-central. Proceso similar se viviría cuando las revueltas de los pueblos norteafricanos… y su ‘contagio’ al sur de Europa. Lejos de ser una excepcionalidad, este fenómeno de la lucha de clases mundial parece que se va confirmando y reforzando. Es muy importante no olvidarlo.

 

  1. D. En 1999 gana las elecciones presidenciales en Venezuela Hugo Chávez y se forma un gobierno bolivariano. En 2003 en Brasil sería la victoria del PT de Lula. En 2005 la victoria del MAS en Bolivia lleva al gobierno al indígena Evo Morales. En Ecuador, un año después, gobernaría R. Correa. Honduras, Haití, Uruguay, El Salvador… Una oleada de cambios políticos reconfiguran las fuerzas protagonistas en el continente, creándose un movimiento de simpatía, también en Europa, hacia los nuevos fenómenos que surgían. El movimiento zapatista, el movimiento bolivariano, el movimiento indigenista… todos ellos con una gran proyección internacional. Su empuje generaría grandes debates sobre estas nuevas realidades, sobre sus peculiaridades, sobre si representaban las ‘nuevas formas’ de la política del siglo xxi superadoras de las caducas del siglo xx basadas en el movimiento obrero, sobre si eran externizables, etc.

—El gobierno de Chávez se presenta como ‘antineoliberal y antiimperialista’. Identificado con Cuba y admirador de los Castro, pretendería construir el ‘socialismo del siglo xxi’. Nacionaliza y controla el petróleo. En América sur-central, y en Europa, las ilusiones son grandes. La IV, y la sección nacional, apoyan al gobierno de Chávez y participan en esferas gubernamentales. El caudillismo, líder como padre de la patria, nacionalismo populista, régimen sostenido por ejército, despotismo y corrupción, etc., se les resta importancia. Al estatalismo burocrático también. Gran apoyo sectores izquierda europea a ‘revolución bolivariana’, que construía una economía socialista ‘paralela’ a la menguante economía capitalista.

—Años después se repetiría la ilusión y similares debates. El PT formaría gobierno en Brasil con Lula de Presidente. La IV apoyó y su sección (que obtuvo varixs parlamentarixs) se incorporó al Gobierno (M. Rossoto, ministro Agricultura). Sería un ‘gobierno de izquierdas de nuevo tipo’ no entendible con conceptos del pasado, con los que no se entendería la ‘peculiaridad’ de Brasil: su gran extensión de tierras para usar (Amazonas) permitía ‘compatibilizar’ necesidades colectivistas campesinas ‘coexistiendo’ con intereses oligarquía agro-industrial, ya no intereses opuestos. Cargo ministerial y parlamentarixs permitiría superar la marginalidad y ganar ‘influencia de masas’.

Lula, que no se enteró de la coexistencia capitalismo-socialismo, giró hacia neoliberalismo y pactó con PMB (partido burgués). La sección de la IV se rompió: unxs aceptaron y continuaron en el gobierno de Lula y otrxs no. Se reconstituyeron como PSOL y senadora H. Heloisa candidata presidencial, quien se manifestaría contra el aborto. Parlamentarixs de PSOL votarían ‘medidas simples’ de gob. Lula, base para posterior ajuste en ‘mercado laboral’. Críticas y rechazo de sindicalistas.

—Situaciones similares se darían en Bolivia, Ecuador, etc. La nueva situación abrió grandes polémicas. La adaptación de la IV a estos nuevos procesos acabaría creando serias crisis en sus secciones suramericanas. Se orientaron hacia la ‘gestión de las instituciones’ y acabarían gestionando la crisis del capitalismo.

 

  1. E. Las movilizaciones en Europa contra los ajustes y las contrarreformas irían acumulando resistencias. Con el tiempo, éstas comenzarían a construir alianzas y reagrupamientos políticos que iniciarían un proceso lento de éxitos electorales. En diversos lugares de Europa listas ‘radicales’ obtendrían concejalías y parlamentarixs estatales, regionales-autonómicos, europeos… abriendo un fenómeno político que crecería con los años, y cuya mayor expresión sería la reciente victoria de Syriza en Grecia y las perspectivas de Podemos en España.

—En 1990 en Suecia confluyen varias organizaciones para crear el nuevo Partido de Izquierdas.

—En 1990 en Dinamarca varias organizaciones se agrupan en una Alianza Roja-Verde.

—En 1998 en Escocia la confluencia constituye un nuevo partido socialista (SSP).

—En 1999 en Portugal se constituye el Bloco Esquerdas (BE) entre dos organizaciones troscas (IV-SU y IV-LIT y un grupo maoísta). Como muestra de lealtad y coincidencia con BE, el grupo de IV-SU se disolvería dentro de BE pues ya no era necesaria una corriente revolucionaria independiente. Éxito electoral y varios parlamentarixs. Varios de ellxs, tiempo después, votaron en el Parlamento medidas de austeridad del gobierno socialdemócrata, y con posterioridad ofrecen un Acuerdo de Gobernabilidad a PS en Ayto Lisboa, el mismo que aplicaba desde el gobierno plan recortes impuesto por troika.

—En 2004 en Reino Unido varios grupos forman Alianza Socialista que luego sería Respect, con SWP (troscos como los de En Lucha aquí), exlaboristas (grupo de G. Galloway) y grupos inmigrantes musulmanes. Éxito electoral y varios parlamentarixs. Tres años después crisis proyecto y ruptura.

En Italia se constituye Rifondazione Comunista. Un sector del antiguo PCI con organizaciones más izquierdistas. La sección de la IV-SU se integra y actúan como leales consejeros políticos de Bertinotti y otrxs dirigentes del partido. Debates-polémicas ya no necesarias. En 2006 RC apoyará y se integrará en el Gob. neoliberal de Prodi (ex Pte Comisi. Europea).

En 2007 en Alemania se crea Die Linke (La Izquierda), cuya base sería el PC stalinista que gobernó la exRDA y una escisión del SDP (activistas sindicales) con su exPte. y exMinistro (O. Lafontaine) al frente. Acabarán gobernando regiones y aytos, como Berlín, con la socialdemocracia (SDP) y aplicando medidas neoliberales ‘suaves’. Giro inicial hacia izquierda, como sucediera con RC en Italia, no evita giro a la derecha posterior (responsabilidad para gestionar).

En Francia surge el NPA como expresión más visible de la propuesta de la dirección de la IV-SU hacia la construcción de ‘nuevos partidos amplios’. A diferencia de otros lugares, en los que las secciones de la IV se incorporaban a procesos iniciados por otras organizaciones, en Francia el motor del nuevo partido fue LCR con sectores de la antiglobalización, del NO a Constituc. UE, etc. Aunque el programa del NPA no fuera ‘oficialmente’ ni socialista ni revolucionario, explican dirigentes de exLCR, en la ‘práctica’ sí lo era, pues cuando las medidas de un programa antineoliberal se aplicaran… objetivamente derivará en el socialismo. Explican también que la antigua polémica revolucionarios-reformistas y debate programa mínimo-máximo está obsoleta y ha sido superada por la nueva situación política del siglo xxi. En esta ‘nueva situación’, las opciones socialistas ‘por ahora’ no son realistas, no son soluciones viables; ya no se trataría de destruir el Estado burgués, sino la ampliación radical de la democracia capitalista, crear una nueva democracia. Éstas serían algunas de las diferencias entre un programa socialista y otro ‘anticapitalista’, el cuál respondería a las nuevas situaciones del siglo xxi.

 

  1. F. Estas nuevas teorizaciones y sus nuevas propuestas tuvieron, y todavía tienen, gran aceptación entre amplios sectores del activismo, quienes rechazarían el capitalismo pero comprenden las dificultades para enfrentarlo y superarlo (sería deseable, pero no es posible). Dentro de las mismas organizaciones revolucionarias, la mayoría de sus activistas se inclinaron hacia estas opciones más realistas.

Ante la ofensiva neoliberal, el reformismo tradicional está en crisis y los proyectos socialistas-revolucionarios son marginales, pero ‘en medio’ de esta disyuntiva (reforma-revolución) habría surgido un amplio sector de activistas con ‘conciencia anticapitalista’ dispuestos a organizarse-movilizarse contra las peores consecuencias del capitalismo neoliberal. Ante auge de este fenómeno ¿cómo actuar?

—Aunque es difícil generalizar, pues hay diferencias notables entre países, este proceso se podría denominar como ‘nuevo reformismo radical’, de neorreformismo. Como hay organizaciones ‘intermedias’ entre reformismo clásico y proyectos socialistas y revolucionarios. Son procesos que habría que analizar en concreto cada caso, valorando los procesos en sus contradicciones, valorando lo positivo y lo negativo que muestran, tanto lo novedoso que aportan como las limitaciones que arrastran. Resaltar sólo lo novedoso o sólo sus limitaciones no ayuda a comprenderlos.

—Promover, participar e impulsar las movilizaciones y procesos organizativos contra aspectos del capitalismo, por muy parciales que fueran éstos, siempre sería una obligación para las personas revolucionarias. Habría que implicarse en los procesos de la realidad. Hay que participar en los nuevos procesos, pero (conociendo las experiencias pasadas y las presentes) cómo se participa sí requiere un debate.

—Situaciones de Francia, Italia… la mayoría apenas conocemos, por no citar Venezuela, Brasil…, pero sí conocemos de cerca el caso de Podemos. Al poco de ponerse en marcha, las propuestas del manifiesto Mover Ficha comenzaron a moderarse. IA calló. En Asamblea-Congreso de Podemos en octubre pasado se propuso y aprobó un proyecto electoralista, socialdemócrata y neokeynesiano, y la orientación de IA fue callar el debate político (y distanciarse de militancia que quiso oponerse, incluso poniendo trabas) y visibilizarse defendiendo una candidatura ‘por un modelo organizativo más democrático’.

—Han promovido Candidaturas a los órganos internos de Podemos en donde manifiestan no tener discrepancias políticas con dirección Podemos. La única diferencia sería que IA promueve más democracia interna. Donde la renuncia política se ha evidenciado más crudamente ha sido en la candidatura de TR para las elecciones de Andalucía. ¡Dirigente de IA se presenta con programa socialdemócrata! ¿Así pretende IA ganar ‘influencia de masas’ en Andalucía?. Esta orientación reforzó el modelo burocrático de IA contra quienes discreparan. Las críticas por la izquierda no serían toleradas, animándoles a irse o siendo expulsados sin más.

—En la ‘práctica’ (todavía no en la teoría) IA se ha reconvertido en un proyecto socialdemócrata ‘radical’. Esperan reconstruirse a través de su inserción en las instituciones que aspiran a gestionar, incorporados como ‘cuadros leales’ de Podemos. En la práctica, su antaño proyecto socialista se reconvirtió a otro anticapitalista, que ahora se hizo antineoliberal. Se adaptó a un giro realizado por amplio sector de izquierdas, que ahora antineoliberalismo lo reducen a antiausteridad. ¿Seguirá IA esta deriva?

—IA ha dado un giro brusco. Parece una corriente política cuya orientación se desplaza hacia las clases medias radicalizadas, emprobrecidas y proletarizadas, cuya aspiración parece limitarse a ofrecer su caudal de profesionales capaces y leales a la dirección de Podemos en la futura gestión de las instituciones. Parecieran repetir las experiencias de Venezuela, Brasil, etc. De partido de las luchas sociales a partido de la gestión.

 

  1. G. En realidad, el giro de IA es el giro de la IV. Lejos de extraer conclusiones críticas de estas experiencias concretas y prácticas, todavía en el Gobierno de Brasil de D. Rousef, acosado por la corrupción, encontramos un ministro de la IV. Sin palabras.

 

  1. H. Cambiar el proyecto socialista y revolucionario por otro más realista es un fenómeno que, desgraciadamente, sucedió en diferentes ocasiones en las que el capitalismo sufrió crisis agudas.

Sin ir más lejos, cuando la dictadura de Franco se tambaleaba en las izquierdas de entonces se produjo este debate. Inicialmente, PCE (e incluso PSOE, aunque ahora parezca increíble) decían compartir con las izquierdas más radicales (MC, LCR, PT, ORT…) que su objetivo también era una sociedad socialista, pero que se diferenciaban en la forma de alcanzarlo, esto es, primero proponían una etapa de democracia avanzada, social y radical, y una posterior etapa que ya sería socialista. No sería necesario ni abolir la propiedad capitalista ni destruir su Estado opresor, pues éste se podría transformar democráticamente en beneficio de la mayoría. A esta opción la denominaban ‘vía democrática al socialismo’.

Sabemos cómo concluyó esta opción. Ni socialismo, ni profundización radical de la democracia ni nada similar. Se impuso el Régimen del 78 que lo único que profundizó fue la corrupción y el expolio parasitario.

Y hubo más experiencias similares. Cuarenta años atrás, en respuesta al alzamiento militar franquista de 1936, en el país se inició un proceso revolucionario de colectivización de las tierras, de socialización de las industrias, de la banca, etc. En lugar de apoyar y extender este proceso, el PCE y el PSOE de la época argumentaron que primero habría que acabar con el golpismo militar, ganar la guerra al fascismo, formando una alianza con la burguesía (que PSOE y PCE decían que era mayoritariamente democrática y contraria al franquismo). Primero parar al fascismo y constituir una democracia, y luego la revolución socialista. Desgraciadamente, también conocemos como acabó la política de primero democracia y luego socialismo.

Y podríamos hablar de más ejemplos.

 

 

 

  1. 4. Sobre los sujetos de la transformación socialista.

 

[Yo no comparto la concepción ciudadanista, tan extendida. Presupone (implícitamente) una sociedad en donde las clases están extintas o diluidas o carecen de interés analítico y político. El conflicto principal se situaría en la esfera de la ‘distribución’ de la riqueza. Los de abajo, la mayoría ciudadana, el 99%, la multitud, se enfrentarían a una casta, al 1%, a la minoría, a los de arriba, que no distribuyen adecuadamente. La lucha principal sería entre la sociedad civil, la mayoría ciudadana, y la élite usurpadora. Sería una lucha ‘democrática’ para ampliar nuevos derechos para la ciudadanía. Este enfoque anula la lucha de clases como motor de la historia]

 

  1. A. Este es un debate que tiene una importancia crucial para la construcción de cualquier alternativa. Debate complejo. Desde hace décadas es uno de los ejes de las principales polémicas entre diferentes corrientes políticas a nivel mundial, aunque ya importancia desde primeras resistencias contra el sistema capitalista.

Además, se ha complejizado tanto y abordado con tan diferentes categorías y conceptos que a veces resulta arduo entender de lo que se habla. En este sentido, sería preferible abordar los contenidos y dejar las categorías para el final. No es sencillo y alarga las explicaciones, pero facilitaría cuando menos descubrir en qué coincidimos y en qué discrepamos, de cara a continuar profundizando este debate.

—Huiría del debate ‘todo ha cambiado’ o ‘nada sustancial cambió’, del ‘todo es discontinuidad’ o ‘todo es continuidad’, pues como método de análisis aporta poco. Huiría también de ‘los viejos paradigmas no sirven’ para comprender ‘los cambios y los nuevos paradigmas’ del mundo actual, pues este enfoque aporta más enigmas y misterios de los que pretende resolver. No dudo de que existan nuevos paradigmas, pero sí cuestiono el alcance explicativo que se les suelen dar y el abuso que alcanzaron como instrumentos de pensamiento.

—Añadiría, además, que no es la primera vez que se abordan debates sobre los ‘cambios’ en el sistema capitalista mundial y/o regional. Por ejemplo, a inicios siglo xx hubo intenso debate sobre los ‘cambios’ que introdujo extensión electrificación, extensión automóviles, inicio aviación, crecimiento urbano, auge monopolios industriales, etc. En décadas 1970-80 se polemizó mucho acerca de las consecuencias del fin del modelo fordista-keynesiano. En cada época los debates siempre son ‘nuevos’, claro, por concretos según particularidades propias. Pero nuevos, en mi opinión, no es lo mismo que ‘exclusivos’. Cada nuevo debate contiene e incluye parte de los debates pasados, así éstos se desconozcan, lo que sucede con frecuencia.

 

  1. B. Aclararía que hablar de sujetos, en mi opinión, no es hablar de ‘hechos’, de ‘datos’. Es hablar de procesos, de potencialidades. Es hablar de sujetos que surgen, se modifican y pueden extinguirse. Hablar de sujetos es hablar de movimientos, de contradicciones y confrontaciones en determinadas sociedades, que siempre se requiere analizar. Los sujetos se constituyen y se definen, a fin de cuentas, en oposición a otros o en oposición a ‘algo’.

Y no es lo mismo si enfatizamos relaciones territoriales (por ejemplo, los ‘pueblos’), que si remarcamos las formaciones sociales (‘las clases’ o fragmentos de ellas). No obstante, siempre aparecerán combinadas, interrelacionado lo espacial, lo social…

Los sujetos, además, nunca existen solos. En diferentes grados, siempre existen varios, y que unos puedan poseer una primacía en determinadas épocas no implica que los demás se eliminen sin más.

Definir un sujeto cualquiera requiere entenderlo en sus interrelaciones, en sus procesos, en sus contradicciones. Y recordemos que cualquier definición aclara unas cosas y enturbia otras.

En fin, hablar de sujetos no se limita sólo a definir ‘cosas objetivas’. Existen elementos objetivos, claro, pero para hablar de sujetos se requieren subjetividades. Lo objetivo y lo subjetivo conforman los sujetos, cada uno interfiere y modifica al otro.

Y recordemos que hablar de sujetos sociales no es lo mismo que hablar de sujetos políticos. Existen vinculaciones, pero no es lo mismo.

 

  1. C. Salvo una pequeña minoría, nadie discute que el mundo ha cambiado en últimos décadas, y mucho en últimos años del s. xxi. Ahora bien, lo que está en debate es el alcance y las implicaciones de estos cambios económicos, sociales, geográficos, ecológicos, culturales, generacionales, de género, etc. Este es el punto crucial.

Además, indicaría que existe un sujeto social (y político), del que apenas se habla como tal, que ha transformado el mundo a su imagen y semejanza, según sus necesidades, y que es el capital financiero. Consiguió la hegemonía y disciplinó a los diferentes sectores burgueses, y en mi opinión hablar de sujeto social sería hablar de un antagonista al capital.

—Hablar de sujetos de la transformación remite, en casi todos los análisis, en primer lugar al tema de la clase trabajadora. Si es pertinente seguir hablando de clases trabajadoras, se entienda como se entienda esta expresión, o si habría que sustituirla por otras, y aquí el abanico de opciones también es amplio. Por supuesto, en el debate también se incluyen diversos grados de combinaciones.

—La expansión del capital, su exitosa mundialización, ha generado la extensión del trabajo asalariado en el mundo en las últimas décadas. Sociedades rurales con mayoría de población campesina están siendo sustituidas por poblaciones urbanas y trabajadoras. El ejemplo de Asia es el más evidente, aunque no el único. Mientras concentraciones industriales y obreras menguaron en países ‘centrales’, crecieron en países ‘periféricos’. La clase trabajadora ‘industrial’, a nivel mundial, no ha menguado; se ha desplazado. Las personas trabajadoras han crecido, respecto a hace tres décadas, en cientos de millones, y porcentualmente sobre población campesina su importancia a nivel mundial también creció.

—En los países centrales, en donde se inició el neoliberalismo globalizador, las industrias menguaron (desplazadas a Asia y otros países ‘periféricos’) y con ellas el número de personas trabajadoras vinculadas a la ‘economía productiva’, que la financiarización reconvirtió en ‘economías terciarias’, generando cambios sustanciales en la composición de nuevas clases trabajadoras. Cambios sustanciales no implican la extinción de la clase trabajadora como tal clase. La economía ‘terciaria’ requiere también clase asalariada, aunque sus características varíen respecto al concepto ‘clásico’ (mono azul) de clase trabajadora industrial.

—La contradicción capital-salario continúa siendo estructural. El capital sigue requiriendo salario para valorizarse. El capital genera mano de obra asalariada. A nivel del conjunto del sistema capitalista mundial, la expansión del capital continúa reestructurando y reordenando las diferentes sociedades, según sus necesidades en cada momento y lugar. La expansión del capital a Asia, por ejemplo, es lo que allí generó la expansión del salario.

—Aunque el movimiento obrero, en cuanto sujeto social (las movilizaciones de las clases trabajadoras), ha perdido influencia en los países ‘centrales’, paradójicamente la va ampliando en importantes países ‘periféricos’, como China, India, etc.

—Ahora bien, si un sujeto social es derrotado su composición y su influencia pueden diluirse, como sucede con el movimiento obrero. ¿Se recompondrá? No lo sé. Espero que sí, pues para una transformación socialista la clase trabajadora es determinante para resolver la contradicción capital-salario. Utilizo la expresión ‘determinante’ siempre que no se interprete de forma mecanicista.

—Que resalte la importancia de la contradicción social capital-salario y que defina que resulta estructurante y determinante, no cierra el debate. El debate es más complejo y tiene más contradicciones que incorporar. La clase trabajadora no es uniforme, ni a nivel mundial ni por países. Por ejemplo, habría que hablar también de la clase trabajadora inmigrante, de las personas precarizadas, de la paradas, etc. Son realidades determinantes y que generan otras contradicciones, que hay que conocer e interrelacionar con lo expuesto antes, pues si no se hace así, y nos limitamos a decir ‘clase trabajadora’ sin más, el análisis se hace inútil y caería en un ‘obrerismo’ estéril.

—Y resaltaría que no es lo mismo hablar de clase trabajadora africana que estadounidense, por ejemplo. Como no es lo mismo hablar de clase trabajadora adulta con empleo estable, buenos salarios y derechos, que si hablamos de jóvenes subcontratadxs y precarizadxs. Entre los sectores citados existirían intereses comunes, cierto, pero también contradicciones, y desconocerlas no las eliminaría. Hablar de clase trabajadora para mí sigue siendo social y políticamente útil, siempre que no impida abordar y analizar la compleja realidad que engloba esta definición.

 

  1. D. Que la clase trabajadora sea esencial para un proyecto de transformación socialista, no implica que no existan otros sectores sociales importantes. Clases y sectores sociales explotados, oprimidos y marginados existen bastantes en cualquier sociedad. Varían la forma y el grado según circunstancias, y ello ofrece una base para la generación de diferentes sujetos sociales y su importancia e influencia. Movimientos campesinos, juveniles, ecologistas, feministas…

 

  1. E. Y hablando de movimiento feminista llega el momento de exponer la otra pata del sujeto de la transformación. Perdonadme una pequeña aclaración previa.

Es importante que hablemos de sistemas de explotación y no sólo de la forma actual que adopta (el capitalismo). ¿Por qué? Primeros sistemas de explotación se constituyeron sobre explotación, opresión y dominación de las mujeres, sobre su esclavitud, sobre su trabajo esclavo. Por ejemplo, la palabra ‘esclavitud’ inicialmente era femenina y se refería exclusivamente a ellas. La esclavitud luego se extendió a los hombres.

La esclavitud femenina y su dominación social fue la base (la ‘técnica social’) sobre la que se generalizó al resto de personas sometidas, se hizo ‘formación social’.  La constitución de los Estados, ejércitos, etc., de los sistemas de explotación y de sus instituciones, de la propiedad privada, fue un proceso paralelo y entrelazado con la consolidación del patriarcado. Uno no se explica sin el otro. La sociedad explotadora emerge, desde sus inicios, y por sus bases constituyentes, como sociedad patriarcal, y la sociedad patriarcal no se podría entender sin la sociedad explotadora que generó. Son diferentes y lo mismo, y en mi opinión sólo así se pueden entender una y otra. Están entrelazadas y son indivisibles. No se puede abolir la explotación sin abolir el patriarcado, y viceversa.

Para mí esta es una cuestión igualmente estructurante y determinante, en igual sentido al expuesto cuando hablaba de la clase trabajadora. En cuanto sociedad explotadora, no se puede entender la sociedad capitalista sin incluir en su análisis al sistema patriarcal, y no como un anexo, sino como parte indivisible. Ambos están entrelazados. Son dos y son uno. No se puede analizar la explotación y opresión de clase sin incluir y comprender la explotación y opresión patriarcal. Forman ‘un todo’.

No se trata de ‘incluir’ el análisis de género en un análisis de clase, o en la categoría de clase, como es usual. Para mí es algo más profundo. Perdonadme que me extienda un poquitín más con un ejemplo. Hemos hablado del pacto social constituido tras la II Guerra Mundial. Una de las reivindicaciones importantes que emergió de aquel pacto fue que el trabajador (varón) obtuviera un salario que le permitiera ‘mantener a su familia’, esto es, él trabajaba y ella en el hogar cuidándole a él y a sus hijos. El pacto social de conciliación de clases que permitió recomponerse al capitalismo incluyó paralelamente un pacto patriarcal (invisibilizado). Pondría más ejemplos, pero no os quiero aburrir.

En sociedades explotadoras, resumiendo, habría, pues, dos cuestiones estructurantes y determinantes, la de clase (capital-salario) y la patriarcal (apropiación trabajo de mujeres), ambas entrelazadas. Asunto que me parece importante al hablar de sujetos sociales para una transformación socialista.

 

  1. F. La presencia de las mujeres ‘entre la clase trabajadora’ ha sido polémica desde inicios del movimiento obrero. Debate necesario para redefinir y reactualizar cualquier proyecto socialista.

Recordemos que las definiciones de clase trabajadora, de movimiento obrero, tuvieron —y tienen— casi siempre una claro sesgo masculinista, como así fueron la mayoría de organizaciones de trabajadorxs: composición masculinizada, especialmente notable entre dirigentes, fueran reformistas o revolucionarios.

Hoy en día, a nivel mundial, se está produciendo (a las ya indicadas) otra mutación en la clase trabajadora: una feminización creciente en su composición. Mantener (aún siendo inconscientemente) una visión masculinizada de la clase trabajadora resultará catastrófica. Hablar de la clase trabajadora como un conjunto de hombres al que añadimos el ‘análisis de género’ sería desastroso.

 

  1. G. Esta cuestión afecta, en mi opinión, al proyecto emancipador, a la teoría de la revolución social y del sujeto de la transformación socialista, de la concepción de una organización revolucionaria, etc. Insistiría en que requiere algo más que ‘añadir temática de género’ al análisis de clase, tan usual en ciertas corrientes políticas influenciadas por las ideas posmodernas, como era IA.

 

 

 

  1. 5. Socialismo o barbarie: dilema histórico y presente.

 

  1. A. En últimas décadas, el capitalismo fue capaz de ‘postergar’ la crisis económica manifestada en años 70. La ‘salida neoliberal’ le permitió atrasar su crisis aunque ampliando y acumulando nuevas y mayores contradicciones a las precedentes.

—Las crisis se reiteraban en plazos más cortos y con efectos más agudos, mientras las fases de recuperación iban siendo más breves y más débiles. En cada ciclo crisis-recuperación sectores mayores de la población quedaban fuera del sistema, eran ‘excluidos’. No sólo afecta a sectores ‘periféricos’ del sistema mundial, sino a los propios países centrales, generalizándose a raíz de última crisis 2007-2008, en donde la ’recuperación’ de la economía capitalista implica retroceso-regresión social.

 

  1. B. A las contradicciones propias de la economía capitalista, se añadieron con el tiempo otras igualmente graves.

—El incremento de CO2 y el calentamiento global que está provocando ya es un problema del presente, todavía más desastroso en el medio plazo, pues el proceso se va acelerando.

—La deforestación continúa a ritmo vertiginoso, agravando proceso calentamiento, y con él la desaparición de las grandes masas de hielo existentes en los polos terrestres y en las montañas, provocando constante elevación nivel mar que afectará poblaciones costeras.

—Los ciclos climáticos se están rompiendo, creándose una nueva dinámica caótica de sequías y lluvias torrenciales (e inundaciones) cuyos costes y estragos se incrementan.

—Mayoría población mundial es urbana y el aire de ciudades deteriorado y contaminante, fuente de enfermedades y creciente mortandad.

—Pesca industrial descontrolada y contaminación mares dificulta ciclo reproducción y regeneración especies marítimas, afectando también a las especies que dependen de ellas, entre ellas la especie humana, pues en muchas zonas las poblaciones viven y se alimentan del mar. Situación similar acaece con mayoría ríos, cuya contaminación además merma la disposición de agua potable.

—Las materias primas sustentadoras del actual modelo de desarrollo se van agotando. Extraer petróleo es cada vez más difícil y más caro y de peor calidad.

—El ritmo de desaparición de formas de vida y de especies nos recuerda que estamos presenciando una gran extinción, pero ahora causada por las consecuencias del modelo de desarrollo económico dominante. Los espacios naturales son eliminados y con ellos las diversas formas de vida que los habitan.

—La expansión económica, igualmente, al eliminar y deteriorar ríos, lagos, mares, bosques, selvas, está eliminando grupos humanos milenarios (tribus ancestrales) y sus conocimientos, sus lenguas, etc., que se pierden para siempre, y eliminándose la diversidad humana que se uniformiza y normativiza arreglo a las necesidades de la expansión mercantil.

—El aire que respiramos, el agua que bebemos, el alimento que ingerimos, la ropa que vestimos… evidencian la paradoja mercantilista: siendo tan necesarios para vida humana cada vez más nocivos.

 

  1. C. Expansión mercantil cuyo sueño ‘tecnológico’ pretende convencernos de que con la creciente ‘innovación’ el desarrollo económico capitalista carecería de límites, que estos podrían ser superados mediante la tecnología.

—El dominio tecnológico pretende superar las contradicciones económicas y sociales que aparecen con el desarrollo del capitalismo. No sólo no lo consigue, sino que genera nuevas contradicciones.

—El dominio financiero y tecnológico requiere constantemente superar los límites. Lo demanda la revalorización perpetua del capital. El proceso de ‘mercantilización’ se ha extendido a aspectos vitales antes ajenos a su dominio: la bio-industria, con su biotecnología, permite patentar y apropiarse no ya de semillas, sino de procesos de creación y reproducción-clonación de la vida misma, como son el control de la genética humana y animal.

 

  1. D. Esta ampliación y extensión del proceso de mercantilización de las entrañas de la naturaleza y de la vida introduce riesgos de consecuencias imprevisibles. Implica abrir una caja de Pandora. Pues no se trata de ‘dominar’ la naturaleza sino de ‘vivir-convivir’ con y en ella, sabiendo que somos ‘parte de ella’. Además, la mercantilización acelerada implica acelerar la deshumanización. Una deshumanización que está rompiendo las bases sustentadoras de la vida humana.

 

  1. E. La respuesta a la crisis de la financiarización del capital implica incrementar los millones de personas que son innecesarias (excluidas) ni como productores ni como consumidores, así como reducir a la mínima el coste de la mano de obra requerida. Las condiciones de trabajo y de vida características de los países periféricos se van extendiendo a los países centrales del sistema mundial.

La esclavitud, considerada un fenómeno ‘tercermundista’, se propaga también por países del ‘primer mundo’. Se ha convertido en un fenómeno  mundial y creciente, encontrándonos que en el siglo xxi existe mayor esclavitud que cuando oficialmente se abolió en siglo xix.

 

  1. F. Los procesos de barbarie caminan paralelos a la crisis del sistema capitalista. Sus respuestas alimentan los procesos de barbarie, generando una crisis civilizatoria, una crisis global, una crisis que amenaza extinguir la vida tal y como la conocemos. Las ‘salidas capitalistas’ a la crisis capitalista generan mayor caos y desorden mundial.

—La competencia entre burguesías por el control de las fuentes de energía, de las materias primas, por el flujo del capital, de las rutas comerciales, de los mercados, etc., acelera las tendencias militaristas y el incremento de los gastos militares en todos los países. Las guerras no cesan y la expansión de la OTAN tampoco.

—La creciente ‘opción militar’ del imperio dominante (EEUU) contra sus principales adversarios económicos y ‘políticos’ extiende el riesgo de próximos enfrentamientos militares. La capacidad destructiva de los ejércitos representa una gran amenaza.

 

  1. G. Ya tenemos suficientes evidencias de barbarie para resaltar que ésta es una opción del presente, que se agravará en un futuro inmediato si no acabamos con el capitalismo y sus actuales tendencias destructivas. La tarea no reside en intentar ‘domesticar’ las incontrolables fuerzas del capital. La tarea no reside en intentar ‘controlar’ el capital financiero para retornar a un ‘capitalismo productivo’.

 

  1. H. Si se quiere acabar con la barbarie se hace necesario construir un proyecto de transformación socialista, un proyecto revolucionario de lucha contra el capital. El dilema de la presente etapa de crisis se llama socialismo o barbarie. Reforma o revolución.

 

 

 

  1. 6. Hacia un nuevo agrupamiento de organizaciones y personas revolucionarias.

 

  1. A. La caída del muro de Berlín abrió una profunda crisis no sólo entre las organizaciones stalinistas sino en todo el conjunto de los proyectos socialistas, entre todas las organizaciones que proponían una emancipación del capitalismo.

—Tras una década de neoliberalismo (años 80 siglo pasado), la desintegración de la exURSS y la caída de los regímenes del este de Europa abrió amplios territorios para una renovada expansión del mercado capitalista, ofreciendo nuevos recursos y futuros beneficios, que solidificó el prestigio y la confianza del capital en sus fuerzas. En la década de los 90 el neoliberalismo se hizo imparable ‘globalización’, obligando a que todos los países se sometieran al nuevo orden global.

—No sólo no hubo movilizaciones populares para defender las (supuestas) ‘conquistas obreras’, sino que las masivas movilizaciones solicitaron acceder al ‘libre mercado’. Las nuevas movilizaciones no eran similares, por ejemplo, a las revueltas húngaras (1956) o checoslovaca (1968), que reclamaran ‘libertades’ para ‘mejorar el socialismo’y en ningún caso se proponían restaurar el capitalismo.

—La caída de las dictaduras stalinistas y la posterior restauración capitalista fue tan veloz y profunda que sorprendió y afectó a cualquier tipo de alternativa al sistema capitalista. La democracia mercantil (e imperial) apareció como la forma suprema de eficacia y sociabilidad. Cualquier alternativa era imposible, irreal y además totalitaria. El ‘no hay alternativa’ caló en las conciencias de millones de trabajadorxs y sectores populares. Por ello, la caída del muro, aunque prestigió a las corrientes anarquistas-libertarias, autonomistas, etc., también impactó sobre ellas la idea de que ‘no hay alternativas’.

—La ofensiva capitalista fue económica (material), política (relaciones entre clases y Estados) y cultural. El triunfo en el frente ideológico-cultural fue tan exitoso como en los otros. La caída de Rusia y del comunismo se anunció que cerraba la etapa abierta por la revolución rusa de 1917 (destruir el capitalismo era posible). La confrontación capitalismo-socialismo estaba obsoleta, pues el sistema capitalista se había superado a sí mismo generando una ‘nueva economía’ en donde las clases se extinguieron y la idea de lucha de clases carecía de sentido. Era el fin de la historia.

—La llamada posmodernidad declaró obsoletas las alternativas globales sustituyéndolas por las acciones locales; las nuevas sociedades líquidas requerían un pensamiento débil; los juegos del lenguaje y los giros lingüísticos se convirtieron en los motores de la transformación social, donde la creación de nuevos discursos sustituyó a la lucha de clases.

 

  1. B. Con lo expuesto no pretendo disminuir la importancia de la profunda crisis que asoló a las izquierdas tras la caída del muro. Especialmente a las izquierdas revolucionarias se nos cayó encima, provocando que gran parte de las ‘certezas’ teóricas, programáticas y políticas se desmoronaran, llevándonos a una profunda desorientación. Sólo pretendo recordar el contexto en el que se produjo.

—La sorpresa ante la rápida caída mostró una profunda incapacidad para comprender lo que sucedía y ofrecer propuestas políticas coherentes a los pueblos que se estaban rebelando contra las dictaduras stalinistas, una incapacidad que evidenciaba problemas teóricos y programáticos. ¿Qué eran aquellos países? Cuando más necesaria era la reflexión, los instrumentos teóricos del pensamiento revolucionario estaban cuestionados. Parte del movimiento revolucionario, incluido el trotskista, se adhirió a las nuevas categorías de pensamiento ofrecidas por la posmodernidad. Fue un problema. No porque las categorías no se puedan —ni se deban— cuestionar, sino porque hacerlo aceleradamente contribuyó, en mi opinión, a generar más problemas de los que se pretendieron resolver. Tan problemático fue quienes no se atrevieron a cuestionarlo todo, como quienes rápidamente declararon la imposibilidad del socialismo.

—Entre otras cuestiones, la caída del muro puso encima de la mesa el debate sobre qué entendemos por socialismo. Denominar a los países del este europeo y de la ex URSS ‘socialismo real’ era un disparate. Pero considerarlos ‘estados obreros’, por mucho que se resaltara lo de ‘degenerados y burocratizados’, tampoco ayudó. ‘Estado obrero’ se entendía como que tenían aspectos ‘progresivos’ que habría que defender, a pesar de su degeneración. Existía una economía nacionalizada, con planificación bajo control del Estado, sometido el mercado… ¿eran éstas las características fundamentales del socialismo? ¿Era la ‘base material’ de estos países nuestra idea del socialismo añadiéndole ‘democracia obrera’? ¿Eran estos países ‘capitalismo de Estado’?

—El debate sobre el modelo de socialismo afectaba a cuestiones como qué entendíamos por revolución socialista, sobre los sujetos de la transformación socialista, sobre el papel del Estado y de una organización revolucionaria, etc. Un debate que abría muchas interrogantes y generaba incertidumbres. Hay quienes los rehuyeron, otros los dieron por cerrados y concluidos precipitadamente, pero los problemas y los debates siguen abiertos. Y no podrá crearse un nuevo proyecto revolucionario si no se abordan con paciencia y rigor todos estos debates. Y además de paciencia y rigor, requieren un buen ambiente para la confrontación de ideas. Igualmente, requieren instrumentos de pensamiento que ayuden a conocer-descubrir la realidad y transformarla.