Hay elecciones y elecciones

Hay elecciones y eleccionesColectivo Germinal

El resultado electoral ha causado una enorme frustración en muchísimas personas que veían en el ascenso de Unidos Podemos un motivo de esperanza de los explotados y explotadas por esta sociedad. Y, sin embargo, nos parece oportuno utilizar la máxima de Spinoza: “Ni reír, ni llorar; comprender”.

Nosotras y nosotros llevamos tiempo indicando que, antes o después, la idea y la práctica del asalto institucional iba a causar y generar una profunda dosis de frustración y desolación. Por medio de un fracaso electoral (como se ha dado ayer para Unidos Podemos), o bien porque “el asalto a las instituciones” se materialice (como ha sido en el caso de los “ayuntamientos del cambio” o en el caso de Syriza) y lo ilusorio de cambiar las condiciones de vida a través del Estado se tope con la realidad. Véase lo que está sucediendo en Grecia con los ataques sociales encabezados por el gobierno de Tsipras o en gobiernos latinoamericanos que han sido referencias para Podemos e Izquierda Unida: Brasil, Venezuela, la Argentina de los Kirchner….

Y lo que se dio ayer fue el primer caso. Unidos Podemos ha perdido (en la coalición con Izquierda Unida y el resto de confluencias) casi 1.200.000 votos. En Madrid pierden 210.000 votos, en Andalucía alrededor de 200.000, en el Pais Valencià 100.000, en Asturias 44.000 votos… Hasta llegar a la pérdida de más de un millón de votos. La participación electoral ha sido del 69´84% del censo, la segunda más baja de las elecciones democráticas tras 1977. En relación a las elecciones del 20 de diciembre hay más de un millón de nuevas abstenciones, que indudablemente se han cebado con Unidos Podemos. El Partido Popular vence las elecciones con casi 8 millones de votos al capitalizar el voto perdido por Ciudadanos (el PP obtiene 670.000 votos más y Ciudadanos pierde 400.000 votos). Y el PSOE obtiene un resultado muchísimo mejor de lo esperado.

Una diputada de Podemos de la Comunidad de Madrid ha escrito, para explicar el bacatazo electoral, “Hemos luchado contra nuestra propia desilusión”. Si eso le ocurre a una diputada de “tan ilustre institución”, imaginémonos que le ha podido ocurrir a muchísimos votantes de Podemos e Izquierda Unida ante un ciclo político e institucional que lleva ya más de dos años.

Y es que el juego electoral es pérfido, sus reglas obligan a que te identifiques con el resto de jugadores: “Somos el Partido de la Ley y el Orden, de la patria y las instituciones contra los antisistemas” (Pablo Iglesias dixit), el de los carteles de Podemos que nos incitan “Adelante España”, el de “las bases -de Estados Unidos- deben crear empleo y no sólo ruido y cáncer” (Teresa Rodríguez), el que “apoya que fragatas para Arabia Saudita se hagan en astilleros gaditanos” (Kichi), Ada Colau que manda la policía urbana contra los manteros en Barcelona y clama contra la Huelga de Metro de la ciudad gobernada por ella, los titiriteros denunciados por la Concejal Celia Mayer, el de la “Cuarta socialdemocracia” (Pablo dixit), “el de las caras serias por la responsabilidad de gobernar nuestro país” y un tan largo etcétera de paráfrasis de sentido de Estado que tienden al infinito. Y, entonces, el juego vampiresco de alimentarse de las ilusiones que se despertaron durante el 15M tiende a agotarse y tenderá a agotarse cada vez más. La política se basa y se fundamenta en las separaciones: entre lo que dicen y lo que hacen, entre los representados y los representantes, entre los que mandan y los que obedecen, entre los focos abiertos de la publicidad y el marketing y los cuchillos y golpes bajos en las oscuras salas de los Partidos y, por encima de todo, entre nuestra vida real (sometida al trabajo asalariado, a las fronteras racistas, al patriarcado) y la suspensión del tiempo, durante un día, en qué nos indican que elegimos algo importante para luego volver a vivir sustancialmente como siempre. Eso es lo que provoca que cada vez habrá menos sangre dispuesta (…) al voto.

Hay compañeros/as que dicen que tienen “un pie en las instituciones y mil en las calles”. Más bien parece lo contrario, “por cada pie en las instituciones salen mil de las calles”. No se trata de que este “todo por inventar” como proclaman algunos compañeros, sino que hay que constatar que la ilusión por lo político, por el Estado y la toma del poder político desde las instituciones, por ocupar los órganos del Estado conduce siempre a lo mismo. ¿Quién ocupa a quién? Nos preguntábamos hace un tiempo. Parece que el transformismo ideológico vivido, de modo cada vez más acelerado, nos da una respuesta cada vez más meridiana. Pero en realidad es una vieja historia, la del PSOE en 1982, la del gobierno Mitterrand y el Partido Comunista Francés en 1981, la de los gobiernos latinoamericanos arriba mencionados… Por no remontarnos más allá en el tiempo, a los tiempos de la primera socialdemocracia a la que alude Pablo Iglesias o al estalinismo en el poder. La vía institucional es siempre una vía muerta.

Por eso creemos que hay elecciones y elecciones.

No está todo por inventar pero si tenemos que inventar un mundo por fuera de las lógicas y categorías de éste.

Esa es nuestra propuesta de elección.

Romper las separaciones que nos imponen en nuestra vida y recuperar nuestra capacidad de elección en común. Queremos avanzar en la construcción de una comunidad humana real, universal, que nada tiene que ver con los simulacros atomizados a través del voto. Una comunidad donde las personas se conocen y luchan juntas, se divierten y construyen en común, dónde se rompen las separaciones que nos encadenan a un mundo en una crisis civilizatoria cada vez más explosiva. ¿Proponemos un no lugar? ¿Un imposible? Es algo que queremos vivir y vive mucha gente a pequeña escala, en su vida cotidiana, en los afectos y cuidados en común, a través de formas de solidaridad que el capital no consigue expropiarnos. Pero bien es cierto que nuestros deseos y aspiraciones son mucho más ambiciosos. Buscamos una transformación radical, revolucionaria del mundo, liberada del capital y del Estado, de nuestra condición de explotados. Y existen innumerables momentos, multitudinarios, de ascenso social, donde millones de personas “creen vivir el arquetipo de la felicidad pública”, donde “la lucha es una fiesta porque te manifiestas todos los días y crees que puedes cambiar el mundo y compartir con los demás esa esperanza” porque se “quiere todo, en seguida”. En esos momentos “Todos vivían más allá de los límites intelectuales, emocionales y sensoriales: cada persona existía más allá de sí mismo”. Es un nosotros que no es un sumatoria de yoes (como en el simulacro del voto). Nos hablan protagonistas anónimas del Mayo francés. Sus sueños son nuestros sueños, sus esperanzas son las nuestras, podemos rememorar y redimir sus derrotas. Depende de nuestras elecciones y no elecciones.

Éste es uno de los fundamentos de nuestro compromiso revolucionario. Tratar de aprender de los fracasos del pasado y del presente, pero sobre todo rescatar del olvido aquello de lo que millones de personas anónimas han sido capaces de realizar en común. Es un fundamento precioso de nuestras elecciones.