La organización de los revolucionarios

La organización de los revolucionarios - Colectivo Geminal

J. E. Miembro de Colectivo Germinal

I.-INTRODUCCIÓN1

Al abordar el problema de la organización de los revolucionarios queremos plantear algunas condiciones que consideramos previas e indispensables para hacerlo con mínimas posibilidades de éxito:

  1. Debe partir de un pensamiento actualizado de la revolución. Pensar la revolución hoy aquí es:

  • Identificar las condiciones que en nuestras sociedades y formas de vida bajo el dominio del capital del Estado, niegan la vida digna y amenazan la supervivencia de los sistemas naturales.

  • Indagar la existencia de sujetos sociales que por circunstancias diversas (situación objetiva, disposición de identidades con características antagónicas a la lógica de la reproducción social dominante, etc.) puedan desempeñar el papel de motor , impulso de la insurrección

  • Indagar asimismo y discutir la posibilidad histórica de condiciones para un cambio civilizatorio

  • Discutir la existencia de en el seno de las comunidades humanas realmente existentes, tensiones favorables a configuraciones sociales basadas en la cooperación , la solidaridad y el apoyo mutuo e identificar aquellos posibles daños antropológicos que pudieran haber incapacitado de forma irreversible nuestra especie para vivir de acuerdo con dichos valores

  • Investigar, en la luchas presentes, la existencia de trazos correspondientes a estas tensiones positivas o, por contrario, de signos de esos daños antropológicos, ya perceptibles en algunas conductas sociales mayoritarias

  1. Se trata de un compromiso de investigación militante que opera a su vez como una práctica de la revolución. Y se asocia con la exigencia de una elección permanente acerca de las formas del vivir, una elección que significa romper con la división característica de las practicas militantes tal y como las hemos vivido hasta ahora, en las que la política es un dominio separado del resto de la vida individual y colectiva. No se trata de “politizarla vida sino hacer de cada uno de los momentos de la misma una ocasión para una práctica diferente que, en sí misma es una práctica de la revolución

  2. Lo anterior significa pensar no como “hacer” la revolución sino como “ser” la revolución. Las experiencias de las revoluciones pasadas han puesto de relieve la importancia de la superación de esa separación fatal entre el pensar y el hacer, entre la tarea revolucionaria y el resto de la existencia, la revolución no es una obra material resultado de la aplicación de un proyecto diseñado de una vez por todas. La revolución solo puede ser una existencia, una creación, consistente en vivir de otra manera cada una de las ocasiones de estar juntos en la vida cotidiana.

II.-LAS EXPERIENCIAS REVOLUCIONARIAS

Las canonizadas como tales en la historia de occidente 2 son la inglesa del siglo XVII, la americana y francesa del XVIII, las francesas de 1848 y 1871, la rusa de 1917 y la española de 1936. La china y la cubana y los movimientos de 1968 son discutibles. ¿Que rasgos comunes encontramos en todas ellas?

  1. En todas ellas la revolución ha sido sinónimo de violencia, de cataclismo social , de forma que en el imaginario social la revolución ya está asociada a un momento, más o menos largo de cambios sociales de destrucción y de muerte, con frecuencia sufridos sobre todo por las capas subalternas (si bien es verdad que en este mismo imaginario también se ha vivido como “la vuelta de la tortilla” la ocasión para el desquite del resentimiento social por las ofensas y los agravios padecidos por los subalternos .

  2. Asociado al rasgo de la violencia puede detectarse otro relevante para nuestra discusión y es el carácter guerrerista de la intervención revolucionaria. No es casualidad la utilización de términos tomados del lenguaje militar por Blanqui, Lenin, Trotski, Mao, Guevara, Fanon etc. Esta condición ha tomado forma en una organización separada del resto de la población, una organización que era la que hacía la revolución (asalto al Palacio de Invierno, a la Bastilla, el ejército “revolucionario” americano)

  3. Un rasgo decisión: prácticamente todas, incluida la española, ha dado lugar al nacimiento de un aparato de estado o al reforzamiento del existente (con frecuencia a una combinación de ambos). Hasta el punto de que se ha llega a identificar la revolución con el proceso constituyente del Estado como su fuente primera de legitimación. Las consecuencias de este hecho las comentaremos a lo largo de este texto.

  4. En casi todas ellas en distinto grado, el papel de los grupos subalternos ha sido esencialmente pasivo, han vivido o sufrido los efectos de estas revoluciones pero las han protagonizado escasamente. Lo revolucionarios, por su parte, han constituido un grupo aparte, el grupo encargado de organizar la revolución que ha solido coincidir con el que ha levantado o tomado posesión del aparato del Estado.

  5. En todos ellos el suceso revolucionario ha tenido un carácter efímero y a su término el orden estatal ha sido restablecido con frecuencia mediante el ejercicio del terror más o menos duradero. Este carácter pasajero no ha permitido que el hecho revolucionario permeara el conjunto del tejido social, que afectara a los registro más profundos de las relaciones y los imaginarios sociales, allí donde se enquista el sentido común y la hegemonía que lleva a la aceptación del dominio como un hecho natural de la existencia social.

  6. Esta inmutabilidad de las relaciones sociales se ha notado especialmente en lo que constituye el núcleo esencial del capitalismo, el trabajo asalariado. Al día siguiente de la revolución y generalmente de forma intensificada, el trabajo asalariado se ha reanudado con sus secuelas de explotación y su alternidad, alcanzando proporciones dantescas, especialmente en Rusia por el culto al fordismo profesado por la dirección bolchevique y , en el colmo de la aberración con el trabajo esclavo bajo Stalin.

Esta permanencia del trabajo asalariado ha constituido la base de la continuidad del capitalismo bajo regímenes teóricamente en ruptura con él y el fundamento de la enorme pérdida de prestigio del socialismo entre los trabajadores de occidente que contemplaba en estos regímenes “revolucionarios” y “anticapitalistas”, la permanencia de la esclavitud asalariada con tintes aún más siniestros y sin ninguna de las ventajas del capitalismo occidental.

III.- LOS MODELOS DE ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA

Para acotar lo más posible nuestro trabajo nos ceñiremos a las experiencias vinculadas con el movimiento obrero desde su nacimiento con la revolución industrial a fines del XVIII y principios del XIX. Con una advertencia previa: para eliminar juicios de valor, por organizaciones revolucionarias entenderemos aquellas de las que se han reclamado del movimiento obrero con vistas a su emancipación de la dominación capitalista.

Con esta condición analizaremos tres experiencias: la de los partidos de la IIª Internacional, las surgidas de la IIIª , los PPCC y las organizaciones del sindicalismo revolucionario y anarcosindicalistas. El análisis lo basaremos en los parámetros: a) su análisis del capitalismo y la formulación de sus objetivos b) la composición de su afiliación y la relación con la clase obrera y los grupos subalternos.

Los partidos de la IIª tras la escisión entre bakuninistas y marxistas y la AIT y tomando como piloto SPD estos partidos se montaron sobre las siguientes bases

  • La existencia de una fuete clase obrera industrial fruto de un desarrollo económico acelerado basado en un potente sector industrial y asociado con frecuencia a las posibilidades de expansión en las colonias y la aparición de mercados absorbedores de los excedentes de valor producidos en las metrópolis.

  • Un sector social procedente de las clases medias inspirados en las ideas socialistas y capaz de fundirse con el emergente movimiento obrero para conducirlo a la superación del capitalismo por la predicha conversión de la clase obrera en la mayoría de la población y su triunfo final por medios pacíficos y parlamentarios.

  • El establecimiento del sufragio universal (solo masculino) y el desarrollo de las instituciones parlamentarias que ha permitido incorporar a la agenda pública la cuestión social, antes considerada reducto de las “clases peligrosas” y por lo tanto punible por el Estado gendarme. La creación de fuertes grupos parlamentarios, la prensa de partido y las instituciones culturales, los sindicatos, las cooperativas, etc. han permitido crear una “contrasociedad obrera” con una cultura y una identidad especifica fundamento de las expectativas socialistas.

LOS PARTIDOS DE LA IIIª

  • Surgidos de la decepción por la deriva chovinista de la IIª Internacional pero sin una ruptura esencial con sus presupuestos esenciales 3 . Muy determinado por la coyuntura de la primera GM y la localización periférica en países industrialmente atrasados en los que la clase obrera era minoritaria, la sociedad civil muy débil y el desarrollo de las instituciones parlamentarias escaso

  • En estas condiciones –a las que hay que añadir el despotismo zaristas- se abrieron paso las propuestas de Lenin de una organización clandestina estructurada de acuerdo con patrones castrenses, de revolucionarios profesionales expertos en la “ciencia de la revolución” capaces de combinar adecuadamente las consignas democráticas con las reivindicaciones obrera, haciendo posible así que la clases obrera sustituyera a la burguesía en la realización de las tareas de la revolución democrática y prolongándolas mediante el programa de transición , en las propuestas socialistas

  • El esquema revolucionario se basa en una secuencia de vanguardias: la clase obrera es vanguardia de las masas populares y a su vez tienen como vanguardia al partido, conocedor de los intereses históricos de la clase más allá de sus intereses parciales y corporativos. Es la herramienta que hace posible pasar del momento económico al momento político de la clase en si a la clase para sí, el estado mayor de la revolución. Una secuencia, obvio es decir, favorece el ”sustituismo” (el partido sustituye a la clase obrera, el Comité Central al Partido, el Buro Políticos al Comité Central y el Secretario General al Buro Político) con la trágica secuela del despotismo que hemos conocido.Un apunte esencial y coincidente en estas dos corrientes en su concepción del socialismo4 que es presentado como una distribución más justa de los frutos del desarrollo capitalista pero manteniendo sus categorías esenciales, el trabajo, el valor, la mercancía, el dinero y el Estado.

LAS ORGANIZACIONES DEL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO

Tal vez la respuesta más espontanea a la implantación del fordismo la cadena de montaje y la organización científica del trabajo, aunque desdeñada como la expresión de las capas más atrasadas en las sociedades precapitalistas, el sindicalismo revolucionario se caracteriza por

  • Afirmar que la emancipación de los trabajadores les corresponde sin mediación alguna de Estado, partidos, etc.

  • Afirmar que el sindicato es la organización natural de los trabajadores en el medio al que el capital les ha llevado , la fábrica (distintos del viejo sindicato de oficio más propio de los primeros tiempos del capitalismo)

  • Postular la organización de la sociedad sobre la base del sindicato de rama, haciendo coincidir la producción con la vida social. En la revolución española se combinó con un cierto comunitarismo

  • Una desconfianza absoluta en relación con el papel que pueden jugar las instituciones estatales en la tarea emancipadora. Y ello a partir de la relevancia que se le atribuye al Estado en el nacimiento y desarrollo de las relaciones sociales capitalistas; en la discusión sobre si es antes el capitalismo o el Estado, los partidarios de Bakunin parecen haber tenido razón a juzgar por el papel de los estados en el desarrollo del capitalismo en su defensa y conservación.

  • La realidad clase nunca ha llegado a asfixiar la realidad del individuo como en las experiencias socialdemócratas y comunistas. Por el contrario ha prestado atención a dimensiones de la vida personal desdeñada por la izquierda como el higienismo, la sexualidad, etc.

  • En el ámbito de la producción el sindicalismo revolucionario también rechaza la participación en las instituciones conjuntas con los representantes del capital como los comités de empresa, los Consejos Económicos y Sociales,etc, optando por el énfasis en la asamblea y la sección sindical.

IV.-ALGUNAS PROPOSICIONES PARA LA ORGANIZACIÓN DE LOS REVOLUCIONARIOS HOY

  • El capitalismo actual con la ayuda de las instituciones estatales produce y reproduce no solo mercancías sino sujeto, subjetividades, formas de sociabilidad funcionales a la atomización absoluta de la vida social por la mercancía y por la creciente dominación de las finanzas. La construcción de subjetividades autónomas y antagónicas al imperio de las mercancías y las finanzas constituye una condición sine quanon para pensar la revolución, su construcción es ya la revolución como existencia material.

No es posible pensar unas relaciones sociales libres de la colonización de las mercancías y el estado sin producir otro tipo de subjetividades.

La subjetividad trabajadora lo mismo que la consumidora con los rasgos culturales que les están asociados, son subjetividades subalternas al capital y a su reproducción ampliada

  • La identidad obrera, otrora antagónica e impugnadora del dominio de la burguesía, hoy ha sido neutralizada como consecuencia de la continua reducción del factor trabajo por unidad de producto como consecuencia de los incrementos de productividad y con el consiguiente efecto del aumento de la población excedente que, sin posibilidad de ser explotada pierde su valor en tanto que consumidora y susceptible de endeudarse.

  • Esta pérdida de peso de la clase obrera su desaparición efectiva como actor social está en el origen de la acentuación de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia como consecuencia de la reducción del trabajo vivo, el único favor de valorización del capital. Así que la sucesión de la crisis capitalistas cada vez más frecuentes e intensas se da en un contexto en el que el presunto enterrador del capitalismo, la clase obrera, ha desaparecido del escenario sin que ningún otro actor haya ocupado su lugar

  • Con su desaparición desaparecen asimismo los llamados intereses de clase y todas las instituciones así adjetivadas (sindicatos y partidos de clase etc.). Y sobre todo aquellos objetivos históricos políticos (la dictadura del proletariado) que pretendían encarnar la hegemonía de la clase obrera. Hay que recordar que el objetivo de la revolución comunista es la abolición del trabajo asalariado y con él las categorías de las mercancías el dinero y el Estado. La clase obrera desaparece con la relación capital de la que formaba parte

  • La organización de los revolucionarios no puede ser entonces una “organización” de aquellos que quieren acabar con las clases al acabar con el trabajo y el valor en los que se basa su existencia. Es la organización de los anticapitalistas, de los que quieren establecer relaciones sociales directa aboliendo su mediación y separación por la mercancía

  • Disolviendo a la clase obrera, el capitalismo sierra la rama del árbol a la que se agarra y se precipita en su declive. Es la inversa del pronóstico del manifiesto comunista, el proletariado no enterrara al capitalismo, con su desaparición precipita la de este.

  • Para la conquista y defensa de sus derechos ante la burguesía y el Estado los trabajadores se han organizado y han llevado sus reivindicaciones a los Parlamento, primero, y después han intentado el acceso a los gobiernos de los Estados. El balance de estas experiencias no es absoluto desdeñable: Muy importantes derechos han sido conquistados en materia de salud, educación, pensiones, etc. En el momento actual, sin embargo, estos derechos y las instituciones que los protegían están siendo denunciados por las clases dominantes y los Estados bajo el imperativo de los mercados financieros y la “sostenibilidad de los gastos públicos”. En muchos Estados en Europa y América gobernados por partidos de izquierda están obligados a aplicar durísimas políticas austeritarias para garantizar el pago de las obligaciones generadas por la deuda pública

  • Es así que para la población trabajadora y subalterna las instituciones estatales como los partidos, parlamentos y gobiernos están perdiendo prestigio de forma acelerada por su incapacidad para imponerse al designio de los poderes fácticos capitalistas, lo que acentúa la crisis de legitimidad de estas instituciones

  • Es inútil hacer recetas organizativas para la práctica y la organización revolucionaria. Cada ocasión que ha merecido tal nombre ha mostrado como la gente insurrecta ha encontrado las formas de organización más adecuada a sus necesidades. En todas ellas, sin embargo, puede encontrarse el común denominador de una práctica destituyente que escasamente se ha atenido a diseños previos. El soviet/consejo, probablemente la institución más genuinamente revolucionaria del siglo XX5, no es el resultado de ningún proyecto previo diseñado por organización revolucionaria alguna sino el fruto de la necesidad elemental de encontrarse y resolver los problemas prácticos de los insurrectos

1 El presente texto solo pretende iniciar un debate sobre la cuestión organizativa que nos parece imprescindible para quienes pretendemos superar al sociedad y la civilización capitalista. El curso de ese debate permitirá desarrollos, rectificaciones y modificaciones del mismo que, a buen seguro, si están en contacto con las realidades y las luchas, podrán convertirse en una guía útil para la ampliación de las mismas, para la construcción de subjetividades anticapitalistas

2 Una cuestión importante, revolución parece un concepto inequívoca (y exclusivamente?) occidental

3 Ver similitud entre Lenin y Kautsky sobre el papel de los intelectuales en la introducción del socialismo entre los trabajadores

4 Por cierto una formación social nunca teorizada por Marx, que solo en la crítica al programa de GOTHA se refiere a la dictadura del proletariado como etapa de transición entre el capitalismo y el comunismo

5 Pero es igualmente de aplicación a otras fórmulas como las colectividades campesinas en Aragón ó como las juntas del buen gobierno zapatistas