Mirando a Madrid

Mirando a Madrid

José Errejón – Miembro de Colectivo Germinal

LOS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD MADRILEÑA.-

En términos muy generales los cambios aludidos pueden resumirse en los siguientes:

-Sin dejar de ser nunca una economía de servicios, la de Madrid ha unido una corta etapa – entre los sesenta y los ochenta del pasado siglo- de relativa industrialización (fundamentalmente en las comarcas del corredor del Henares y del Sur), con la emergencia de un proletariado joven y combativo y un hábitat urbano en rápida expansión sobre el que se ha asentado, en el período comentado, la fuerza social y electoral de la izquierda.

La política de reconversiones y ajustes de los primeros gobiernos del PSOE en los ochenta han modificado profundamente el paisaje físico y económico de la región. Aquí la dinámica tendencial que se estaba imponiendo en el resto de los países capitalistas- el paso del fordismo al posfordismo- ha coincidido con los objetivos perseguidos por la política del PSOE, disolver las identidades colectivas de un proletariado que nunca había organizado y asentar, en su lugar, una sociedad de clases medias beneficiaria y al tiempo soporte del naciente estado del Bienestar.

Asentados en el apoyo electoral de un proletariado declinante, los gobiernos socialistas del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, ocupados en el montaje de algo parecido a unas administraciones modernas y al asentamiento institucional, no han sido capaces de contrarrestar ó-al menos- de compensar los efectos sociales de la política de ajuste impulsada por su mismo partido en el ámbito estatal.

Cuando a fines de los ochenta está desapareciendo ó menguando significativamente la base social de los gobiernos municipales y regional de la izquierda, ya ha surgido un potente conglomerado de intereses en torno al desarrollo y la expansión del mercado inmobiliario. Buena parte de las indemnizaciones de los expedientes de regulación de empleo de esta década se han convertido en una fuente de alimentación de este mercado, impulsado por la búsqueda de plusvalías de los gobiernos municipales sin recursos presupuestarios y fácil presa de la mafia de banqueros y promotores inmobiliarios.

Ya desde este momento se hace evidente que la contienda política en la región y en el conjunto de sus municipios va a estar centrada en la gestión urbanística. Con un modelo imperante del PP de maximizar la oferta de suelo con el pretexto de abaratar el precio de la vivienda y sin alternativa real en el campo de la izquierda, limitada a proclamar el destino social de las plusvalía generadas en las operaciones urbanísticas pero practicando similares políticas que las del PP e incurriendo, también con frecuencia, en escándalos e irregularidades múltiples.

Es ese amplio conglomerado de intereses el soporte fundamental de las políticas de derechas de estas últimas dos décadas. En muchos pueblos de la región, cargos públicos de la izquierda y derecha (más la tropa de independientes estimulados por el ejemplo de Gil en Marbella ó generados por riñas de intereses en el seno del PP), han descubierto en la gestión urbanística un filón de riqueza con el que emprender políticas (con frecuencia disparatadas como la siembra de polideportivos permanentemente subutilizados) de otra manera inabordables pero también con el que dar el salto personal al mundo de los negocios y el ascenso social.

EL AUGE DEL NEGOCIO INMOBILIARIO.-

La industria del suelo es así la primera industria regional tanto por su contribución al pib regional como enMirando a Madrid 2 términos de generación de empleos directos e indirectos. La capacidad de presión política de esta industria es grande como se ha podido comprobar en distintas ocasiones, la más conocida de las cuales es el episodio de Tamayo y Sáez que abrió paso a la larga estancia de e Esperanza Aguirre en la presidencia de la Comunidad de Madrid

La política regional de infraestructuras está determinada, en muy buena medida, por las necesidades de la industria inmobiliaria y la diferente capacidad de ejercer presión de sus diferentes focos de poder. El desdoblamiento de la M-501, el tren de alta velocidad a Guadalajara ó la operación de la Ciudad deportiva del Real Madrid son ejemplos de la forma en la que la expectativa de suculentos beneficios ligados a recalificaciones urbanísticas han determinado, por no decir orientado, el rumbo de la política de infraestructuras.

La industria inmobiliaria es más amplia que el sector de la promoción inmobiliaria. Está vinculada por supuesto a la edificación de viviendas pero no menos a la construcción de obra civil que trabaja en la puesta en valor del territorio, condición de valorización de las inversiones inmobiliarias. La construcción de obra civil opera, además, como una fuente de actividad complementaria de la anterior, muy interesante cuando, por razones diversas, la construcción de viviendas y la” máquina de producir suelo” se paralizan por efecto del ciclo económico o, como en la actualidad, por efecto del pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

El capital financiero ha jugado, asimismo, un destacado papel en el desarrollo de la industria del suelo en Madrid. Tras advertir la imposibilidad de mantener una rentable y potente industria pesada, los grandes bancos, habiendo experimentado ellos mismos un fuerte proceso de concentración, han orientado lo principal de sus operaciones al negocio del préstamo hipotecario, el primero en términos de recursos movilizados y beneficios obtenidos.. La oferta de créditos para la compra de la vivienda crece espectacularmente estimulada por la política fiscal de todos los gobiernos del Estado mientras que el mercado de alquileres (sobre todo tras el decreto Boyer) se cierra para las rentas populares. El resultado de todo ello es la generalización de la condición de propietario de vivienda. Más adelante se mostrará algunos de los efectos políticos de largo alcance de este fenómeno.

Por si todas estas “ayudas” fueran poco, las sucesivas (contra)reformas laborales han habilitado una fuerza de trabajo para el sector de una maleabilidad extrema, acentuada por su engrosamiento en los últimos años por trabajadores inmigrantes, muchos de ellos en situación irregular y ,por ello, fácilmente propensos a aceptar altos niveles de explotación, pésimas condiciones de trabajo e inexistencia efectiva de derechos LABORALES . Los sindicatos “de clase”, por su parte, no han dejado de acudir a la cita del festín inmobiliario, legitimando con su silencio la instalación de un marco de relaciones laborales impropio de una sociedad democrática. Cuando no participando directamente en el festín a través sus promociones inmobiliarias cuya utilidad social es más que dudosa pero que han proporcionado fructíferas relaciones con el capital financiero a las cúpulas sindicales

Las condiciones están así dadas para la consolidación de un sector de muy altos beneficios, de sólidos anclajes en las administraciones públicas y profesiones asociadas (notarios y registradores de la propiedad) y con una fuerte base social de apoyo que se expresa en la elección reiterada de auténticos delincuentes para desempeñar cargos públicos.

LA POLÍTICA EN LA COMUNIDAD DE MADRID.-

Mirando a Madrid 3La pujanza de este sector ha invadido el conjunto de la actividad económica de la región, eliminando actividades tanto en la agricultura como en la industria- desaparecida prácticamente la primera y residualizada la segunda- y subordinado a la mayoría del resto de los servicios que en una alta proporción trabajan directa ó indirectamente para el negocio inmobiliario. Uno de los más importantes efectos derivados de esta hegemonía del negocio inmobiliario y de la construcción es el peso exorbitante que tiene en la sociedad y la economía madrileña. Si los datos oficiales le asignan un 20% del PIB regional, parece fuera de dudas que su repercusión en otros sectores de los servicios e industriales (p.ej. el sector cementero) es muy superior. Eso le concede una influencia social muy notable y una capacidad de presión política inestimable

Y, por supuesto, ha colonizado el espacio todo de la política institucional, incorporando procedimientos y métodos que están dando al traste con cualquier posibilidad, por remota que fuera, de sanear la vida política y revitalizar la ciudadanía. Es este, quizás , el factor de mayor peso entre los que contribuyen a explicar la relación social y política de fuerzas en la Comunidad de Madrid. Esta colonización de la política por la cultura proveniente de la promoción y el negocio inmobiliario desnaturaliza a fortiori el elemento básico, constituyente, de la actividad política, la búsqueda del interés general.

Los partidos políticos se han llenado-en proporción a su proximidad relativa a los poderes políticos y administrativos- de una especie muy determinada de afiliado, aquel para el que la política es una forma de vivir o, mejor, una forma de participar en el mercado en posiciones de ventaja comparativa. En el campo de la derecha política ello no ha supuesto problema alguno sino, más bien, continuidad con los usos y procedimientos de los políticos del franquismo y de la restauración. En la izquierda, por el contrario, se ha asistido a una desnaturalización del “ser de izquierda” de un alcance muy superior a las evoluciones “ideológicas” impulsadas por las direcciones de estos partidos y de devastadores efectos para la histórica tarea de construir contrahegemonía a la del rápido enriquecimiento a costa de los bienes comunes.

Se ha producido, en efecto, toda una mutación en las subjetividades y en el imaginario colectivo en línea con la hegemonía política de la derecha. La hegemonía de los valores del individualismo propietario, de la competencia exacerbada y de la selección y el éxito de los más capaces, en un contexto de bonanza económica que ha estimulado una expansión del consumo y un nivel de endeudamiento de los hogares sin precedentes, ha devastado aquellos otros de la solidaridad, la cooperación y el apoyo mutuo, enraizados en las capas sociales laboriosas incluso en el largo período del franquismo. Este es el verdadero problema al que la izquierda debe hacer frente, incluso si sus aspiraciones se limitan a mejorar sus posiciones electorales. Porque sin un “suelo común” de experiencias y valores socialmente compartidos en un amplio sector de la población es sencillamente inútil plantearse el menor tipo de intervención política.

En estas condiciones, no ha sido demasiado difícil a la derecha gobernante el despliegue de una ofensiva de calado contra los servicios públicos y contra los derechos constitucionales proclamados y nunca hecho efectivos como el de la vivienda, el de la salud, la educación ó el medio ambiente. Una ofensiva contra los derechos sociales que forma parte de la guerra contra los bienes comunes ,por su desaparición y sustitución por su apropiación privada, único camino ,según los ideólogos del neoliberalismo para su puesta en valor y su conservación(la “tragedia de los comunes”)..El principal damnificado en esta guerra es el medio ambiente madrileño. La Comunidad de Madrid es, junto a las de Valencia y Murcia, la que presenta la más alta tasa de artificialización de su territorio: Sistemas naturales de gran valor ecológico como la sierra de Guadarrama se encuentran seriamente amenazados por la colonización de las urbanizaciones, las infraestructuras viarias y los grandes centros comerciales y de ocio, sin que su calificación como espacio protegido, aún con el más alto nivel, pueda aportar algo más que una visión “postalera” de la naturaleza madrileña, sin que ello frene de forma efectiva las citadas amenazas .El transporte es la otra gran amenaza para el equilibrio ecológico de la región . Junto a sus efectos sobre los sistemas naturales- y al día de hoy con mayor importancia- debe citarse su contribución al volumen total de emisiones de CO2. El desmesurado aumento del parque automovilístico de la región contribuye a crear un microclima que favorece a su vez la proliferación de incendios forestales al tiempo que eleva exponencialmente la demanda de agua y energía para refrigeración. El déficit de recursos hídricos, en fin, se ha agravado con el incremento de las urbanizaciones “extensas” y las pautas de consumo que les están asociadas.

LA RESPUESTA DE LA SOCIEDAD MADRILEÑA

Contra este estado de cosas se ha levantado el 15 de mayo del 2011 el más potente movimiento ciudadanoMirando a Madrid 4 conocido en nuestro país desde los tiempos de la lucha contra la dictadura. Contra la expropiación efectiva del espacio y el tiempo social llevada a cabo por el capital inmobiliario y financiero y los gobiernos de los partidos del régimen, el 15M y los movimientos hermanos han desarrollado todo un despliegue de creatividad democrática de los espacios sociales (sanidad, educación, vivienda, medio ambiente, etc) en absoluta contradicción con las orientaciones delos gobiernos estatal regional y municipal, que se ha terminado de expresar en los ayuntamientos del cambio, primero, y en los espectaculares resultados de las elecciones generales del 20D, después

Por primera vez desde los años 80, un gobierno independiente de los intereses inmobiliarios y financieros tiene la oportunidad de dirigir los asuntos públicos y orientarlos en beneficio de la mayoría de la población. Tal oportunidad se produce en un contexto de acelerado crisis del régimen político del 78 así como de una prolongada crisis económica que amenaza con una perspectiva de “estancamiento secular” que amenaza el conjunto de los derechos y prestaciones sociales que han constituido el núcleo del tardío Estado del Bienestar en España

Los efectos de este contexto duradero se hacen sentir en un profundo cambio en la estructura económica y social de Madrid. Para no hacer excesivamente larga su descripción de estos cambios, los sintetizamos en los siguientes

La consolidación urbanística dela ciudad se ha hecho a costa de la práctica desaparición de los espacios comunes y de la destrucción de los tejidos sociales que alimentaban los restos de la vida social no colonizados por la mercancía

Cuando se ha producido el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, ningún sector alternativo ha venido a tirar de la economía madrileña lo que a fortiori hace que todas las esperanzas de recuperación de la actividad y el empleo se sostengan en la recuperación del sector inmobiliario. La terciarización de la economía madrileña está pendiente de encontrar una senda distinta de la transitada por la creación desmesurada de suelo, el endeudamiento d masas y los costes salariales “competitivos”

La administración municipal padece el nivel más elevado de deuda de las administraciones locales en España por culpa de las políticas faraónicas dela etapa de Gallardón. La consecuencia es que la carga de la deuda es uno de los más importantes rubros de los presupuestos municipales lo que impide, a su vez, dedicar la atención y los recursos precisos a obligaciones urgentes como las necesidades de los sectores más desfavorecidos y las inversiones en restauración ambiental. El otro efecto, tan dañino como el anterior es que el Ayto de Madrid es,en la práctica, una admon intervenida por el Mº de Hacienda, que a cambio de allegarle los recursos de liquidez necesarios, le somete a una estrecha vigilancia que limita gravemente la autonomía municipal

La estructura social d la ciudad d Madrid se está achatando por la disminución dela rentas de la clase media muy golpeada por dos tipos de factores. El primero es la reducción d las transferencias públicas de las que se beneficiaba y que permitían un excedente relativo que nutría el ahorro de los hogares y el mantenimiento de un nivel de consumo

Cuando esta reducción de las transferencias públicas ha afectado a los sectores de más bajo nivel de renta, las carencias se han vuelto graves y hemos asistido a la formación de un sector antes desconocido, los trabajadores pobres, que, aun teniendo un empleo e ingresos regulares, deben acudir a las diversas formas de beneficencia para llegar a fin de mes

La sociedad civil madrileña ha sido vaciada de los fuertes vínculos afinitarios que, en ciertos sectores populares (comunidades barriales soporte de la lucha clandestina, asociaciones de vecinos), poseía. Y ello, por efecto de la colonización creciente de las relaciones sociales y aún de los mecanismos de asignación de identidad y pertenencia, de la lógica de la mercancía. En tal sentido, la política de PODEMOS para MADRID debiera ser, en una medida muy importante, orientada ala (re)creación de una cultura favorecedora de relaciones sociales no mediadas por la mercancía

El dominio del bloque inmobiliario rentista y la hegemonía neoliberal han producido daños no solo en el tejido de relaciones sociales sino incluso en la propia antropología ciudadana. Básicamente la hegemonía del hedonismo consumista y de la inhibición ante las responsabilidades públicas. Hay que defender una ética de la responsabilidad en la gestión de la cosa común. Y para ello hay que hacer posible el acceso a la mejor información disponible que permita hacerse una idea general de la situación y los escenarios posibles.

EL DERECHO A LA CIUDAD, EL MADRID CIUDADANO

Mirando a Madrid 5La metrópolis niega la ciudad”. Tan categórica afirmación encuentra su confirmación empírica en la vida cotidiana. La crisis urbana (financiarización del desarrollo urbano, endeudamiento de masas y la renuncia de los gobiernos a su función reguladora9 se manifiesta en términos de una contradicción histórica, la que enfrenta la ciudad como ámbito de cooperación y comunicación social de dónde brota la riqueza colectiva y la ciudad como lugar de acumulación de capital, de captura de la potencia social de cooperación y comunicación social

Es la contradicción entre la historia de Madrid, su identidad y su cultura (entendida en un sentido amplio que podríamos asimilar como un cierto “ser madrileño” hecho de exteriorización de la emociones, el gusto por el azar y al sorpresa, la tendencia a la cooperación y al hospitalidad, la promesa de su vocación universalista y democrática una sociedad auténticamente abierta),de un lado. Y de otro, los procesos de privatización y liquidación de los espacios públicos, la gentrificación y museificación del centro, la expulsión de las clases populares a la periferia y los agotadores viajes al trabajo y al consumo de fin de semana, los costes ambientales, el sentimiento colectivo de malestar y desposesión, etc.

Es un conflicto subyacente a la imagen de una ciudad que crece, a una marca comercial para exponerla en ferias y certámenes, para atraer inversores y localizaciones diversas. Este conflicto por el territorio, indica dos vocaciones estratégicamente distintas. En un caso, el territorio es el, lugar de la cooperación y al comunicación social, el de la creatividad yn lso encuentros, el de la producción de espacios de sociabilidad y de cultura. En otro, se trata de capturar todos esos fenómenos y ponerlos en valor, es decir convertirlos en mercancías y sustituir la comunicación por el intercambio mercantil.

Este conflicto ya se ha manifestado y tiene como espacio de desarrollo múltiples tensiones entre la labor del gobierno municipal y el conjunto de intereses que han usufructuado la ciudad a lo largo de las últimas décadas. Pero aún no es comprendido por la mayoría social objetivamente interesada en la orientación del gobierno de Ahora Madrid. Bajo la dirección de Carmena y su círculo más allegado, la política del Ayuntamiento de Madrid se ha querido presentar como una política fundamentalmente “de gestión”, lo menos partidista posible, orientada a ganarse el aprecio de los madrileños por la sobriedad en el discurso y la eficacia. Esa especie de “tecnocracia de izquierdas” ya experimentada en algunos gobiernos está condenada al fracaso más estrepitoso. No es menos sino más política lo que necesita la sociedad madrileña para encarar con posibilidades de éxito los retos del presente y del futuro. No hay soluciones técnicas perfectas esperando a gobernantes honrados que estén dispuestos aplicarlas en beneficio de toda la sociedad. Los problemas de congestión del tráfico urbano y los relacionados con el transporte, los cada vez más agobiantes problemas ambientales, la pobreza y deterioro de algunos barrios periféricos, etc no pueden ser resueltos por la vía de la generalización de las relaciones mercantiles, ya han demostrado que han llegado a su techo y a partir de ahora generan exclusión de amplias capas sociales y precisan de cada vez más recursos securitarios.

Pero una orientación política clara a favor de las mayorías sociales- en absoluto incompatible con el respeto a los derechos adquiridos de otras capas sociales- precisa un actor político claramente reconocible, con un programa político que debe ser, ante todo, un programa para la construcción de la ciudad de los ciudadanos, en ese sentido, un auténtico programa constituyente.

Es esta la mejor acepción del concepto proceso constituyente, un proceso de constitución de un cuerpo social y ciudadano que se quiere autónomo y decisorio, que antecede la labor de gobierno, cuya misión será elevar a norma general y políticas públicas los proyectos de convivencia generados cotidianamente por este cuerpo ciudadano.

Un proceso de constitución de otro modelo de relacionales sociales, distinto del determinado por la colonización absoluta del tiempo y el espacio social por la mercancía. Es un proceso de interrelación entre la iniciativa ciudadana y la gestión institucional en el que el impulso de la primera es consagrado por la segunda y generalizado a aquellos espacios y tiempos sociales inmunes a estas iniciativas ciudadanas, evitando así el aislamiento y la ghettización de los impulsos transformadores

El proceso constituyente tiene en Madrid un lugar privilegiado. El sedimento cultural de la sociedad madrileña tiene una composición muy heterogénea y en él convive el peso de una sociedad sometida a las tensiones globalizantes con muy diversas tradiciones emancipatorias. La construcción de un tejido distinto de relaciones sociales no podrá ser el resultado de la “victoria” de un segmento o tradición cultural (la de la comunicación y la cooperación) sobre otra

(la globalizante) sino su integración en una síntesis que las supere y las adapte a las condiciones de nuestra época y, sobre todo, a las aspiraciones y las esperanzas de nuestra gente.

Todo lo anterior para postular una orientación cuyo núcleo es la construcción de una comunidad en paralelo a la gestión de las instituciones y como sustrato de la misma. Lo hemos dicho más arriba pero non está de más insistir: la tarea más importante que tenemos por delante es contribuir a la construcción comunidad, al desarrollo de vínculos afinitarios, muy deteriorados por la colonización de la vida social e individual por el mercado y sus pulsiones1. La sociedad de mercado ó, si se quiere, la hegemonía de los valores mercantiles en la conformación de los valores sociales y culturales de la sociedad madrileña, ha tenido por efecto la ruptura evidente de los lazos, no por residuales poco resistentes.

Y estos lazos son indispensables para asentar de forma sólida la democracia como forma de gobierno de las sociedades complejas (frente a la gobernanza); para decirlo de forma contundente, sin esos lazos comunitarios, el régimen democrático carece de fundamentos y termina siendo banalizado si no asfixiado por el cúmulo de poderes privados y difusos que colonizan las instituciones públicas en su beneficio.

Pero la construcción de comunidad, de comunidades2 no se decreta aunque puede ser favorecida desde las instituciones públicas con n normativas adecuadas y recursos de toda índole. Pero debe ser construida desde la vida cotidiana, convirtiéndola en sentido común de la época, en la forma natural de la vida colectiva

Es una tarea que precisa de un agente dotado de los rasgos que pretende configurar para la vida social: hay que construir comunidad con herramientas comunitarias.

Hay una idea que es tradicional en la izquierda y que debe ser so metida a la prueba de la práctica: que la comunidad antagónica al capital se forja fundamental si no exclusivamente, en las luchas.

Si no se da al término luchas una extensión que, de tan desmesurada, pierde todo su sentido3, tendríamos que convenir que existen aspectos de la vida social que no se manifiestan en forma de conflicto, si bien es cierto que pueden manifestar a medio y largo plazo, expresiones de incompatibilidad ó disfuncionalidad con los códigos sancionados como deseables.

Aspectos o dimensiones en los que es posible construir relaciones distintas de las mediadas por el trabajo asalariado y la mercancía.

Contra lo que parecería y a pesar de la intensa colonización de la vida social por el imperio de la mercancía, subsisten y aún, aumentan las esferas en las que se desarrollan formas de sociabilidad autónomas de tal género de mediación. Se trata de aplicar a esta tarea, la de levantar y ayudar a consolidar redes de sociabilidad no mercantil, al menos la misma energía que hemos dedicado tradicionalmente a la “lucha política”, al activismo y la crítica de lo existente; y hacerlo, como hemos dicho más arriba, con herramientas “comunitarias”4.

El diseño y la construcción de este tipo de herramientas no pueden ser abordados sin un cambio radical de perspectiva de las personas que se implican en su construcción. No pueden ser abordados desde la continuidad de la mentalidad militante; por decirlo de forma sencilla, es preciso despojarse antes de la mentalidad de proselitismo, de posesión del proyecto y la línea política que debe ser trasladada a os demás para encuadrarlos en el partido revolucionario (ó de la reforma política y social, para el caso lo mismo da).

La construcción de comunidades es la forma que toma la construcción de la ciudad de los ciudadanos. Las políticas neoliberales han destrozado el tejido ciudadano, asentando en su lugar una masa amorfa de trabajadores, consumidores y excluidos que a duras penas sobreviven en este entramado de hostilidad e infortunio al que llamamos metrópoli. El gobierno democrático de este “no-lugar” se revela como imposible, se presta más bien a una actividad cibernética, tecnocratizada, el gobierno de los flujos, de energía y desechos, de información, de capital, de trabajo asalariado.

La gobernanza de la ciudad es el reconocimiento de que os asuntos públicos deben ser encargados a quienes, de hecho, ls dominan, a los gestores del capital financiero. Que la organización misma de la ciudad, de su espacio y su tiempo, debe responder a las pautas de generación y acumulación del valor, de circulación del capital, de mediación social generalizada por el dinero.

En vano se pretenderá oponer el gobierno de las instituciones municipales a la gobernanza de los flujos de capital. Si no se produce una ruptura de esos flujos, si no se construyen relaciones sociales no mediadas desde el exterior de quienes las viven, si no se construyen comunidades de vida frente al dominio omnímodo del dinero y sus gestores públicos y privados, la democracia es imposible. En su lugar lo que observamos es la triste y contradictoria gestión de la vida colectiva intentando conciliar la continuidad de los flujos del capital con tímidos intentos de participación ciudadana en un imposible control de dichos flujos.

Es posible pensar Madrid de otra manera a cómo nos la han dejado las políticas neoliberales y el puñado de capitalistas inmobiliarios y financieros que se han beneficiado de ellas. Pero hay que hacerlo desde la vivencia comunitaria, experimentando un tiempo reapropiado para la nosotros, convertidos, por fin, en protagonistas de nuestras vidas

NOTAS

  1. A destacar entre ellas, las inducidas por el acelerado procesod e endeudamiento y lo que podríamos llamar la financiarización de la sociedad, que es la forma que toma en nuestros días la sociedad de mercado

  2. Hay que renunciar a la idea de UNA comunidad subyacente, eterna y armónica; comunidades de duración diversa y variable

  3. En esta acepción hiperlaxa, lucha termina significando cualquier expresión de la vida en la medida que manifiesta, siquiera potencialmente, elementos de antagonismo con las relaciones sociales y los códigos de conducta dominantes

  4. No me detendré mucho en identificar lo que entiendo por herramientas comunitarias” .Iván Illich habló en los años 60 de herramientas convivenciales: en definitiva tecnologías para la vida en común, generadoras de comunicación y colaboración contra la expropiación y la hiperespecialización de las herramientas capitalistas y estatistas que conocemos

1 A destacar entre ellas, las inducidas por el acelerado procesod e endeudameinto y lo que podríamos llamar la financiarización de la sociedad, que es la forma que toma en nuestros días la sociedad de mercado

2

3 En esta acepción hiperlaxa, lucha termina significando cualquier expresión de la vida en la medida que manifiesta, siquiera potencialmente, elementos de antagonismo con las relaciones sociales y los códigos de conducta dominantes

4 No me detendré mucho en identificar lo que entiendo por herramientas comunitarias” .Iván illich habló en los años 60 de herramientas convivenciales: en definitiva tecnologías para la vida en común, generadoras de comunicación y colaboración contra la expropiación y la hiperespecialización de las herramientas capitalistas y estatistas que conocemos