Qué significa vivienda (I). La institución de la lealtad de masas al régimen.

Qué significa vivienda. La institución de la lealtad de masas al régimenColectivo Germinal

La cuestión de la vivienda es un tema fundamental en el Estado español. Desgraciadamente, pocas veces se busca realizar un análisis sobre este asunto que traiga a la luz la importancia que tiene. En primer lugar hay que subrayar que la vivienda ha sido un elemento esencial a la hora de conseguir la lealtad de masas al régimen.

Durante la etapa de fordismo hispano, tras los planes económicos de estabilización franquistas, el turismo fue un medio para terminar de equilibrar la balanza comercial. Poco a poco el turismo fue ocupando una parte cada vez más importante del PIB, lo cual motivó los procesos de construcción de infraestructuras y de vivienda. Este mismo proceso coincide también con la urbanización de las ciudades que absorbían a la ingente cantidad de migrantes de zonas rurales. A estos dos factores se suma que el franquismo consideró fundamental como medio de integrar a las nuevas clases populares que estaban en proceso de constitución, vincularlas a través de la propiedad de la vivienda, convertirlas en propietarias, para limar sus posibles luchas reivindicativas: constituir una sociedad de «propietarios en vez de proletarios». El alcance de una política de este tipo se debía entre otras a que históricamente jamás se produjo en el Estado español una reforma agraria que hubiera llevado un reparto de tierras más equitativo. De este modo, la propiedad de la vivienda podía converger con viejas aspiraciones populares de tener una propiedad propia1. Estos elementos confluyeron y posibilitaron la acumulación primitiva de la que sería más tarde la más potente de las industrias en el Estado, la construcción. A través de la vivienda se conformó más tarde un modelo de consumo donde la propiedad de una vivienda juega un papel fundamental.

En la transición el PSOE logra absorber una parte del registro imaginario popular y situarlo dentro de una estrategia de inserción del Estado español subordinado al marco europeo. Los pactos a los que llega el ejecutivo español para entrar en el Mercado Común Europeo implican la desindustrialización para evitar que una fuerza de trabajo más barata en España pudiera desbaratar a través de precios más competitivos a las grandes potencias industriales. A cambio, el ejecutivo español recibe una serie de subvenciones que irán a parar al único sector productivo desarrollado que sobrevive, la construcción, para la producción de infraestructuras y vías de transporte que modernicen el país. Para evitar que el estado depresivo de las clases populares pueda pasar a un estado conflictivo, el ejecutivo potencia también nuevas estrategias de repatrimonialización. Los despidos masivos son acompañados de importantes indemnizaciones; se lanzan políticas de vivenda que posibilitan la obtención de esta como propiedad familiar. Este proceso se enmarca en un proceso más amplio de financiarización económica, lo que provoca este tipo de políticas son fuertes procesos de patrimonialización y micro-financiarización entre las propias clases populares. De este modo el PSOE mina su propia base social, lo que permite que a medio plazo el PP – mejor representante de una ideología patrimonialista– se haga con el gobierno.

Véase toda la significación puesta en juego por la imagen: la vivienda como fantasía central para formar la familia representada por la pareja y el sueño de la adquisición de la casa. A esta significación se une otra, concretamente, la que la idea de formación de una familia con la consecución de estabilidad, por tanto con el alcance de un status.

Véase toda la significación puesta en juego por la imagen: la vivienda como fantasía central para formar la familia representada por la pareja a través de la adquisición de la casa. A esta significación se une otra, concretamente, la idea socialmente instituida de que la formación de una familia implica la consecución de un mayor grado de estabilidad, por tanto, el alcance de un mayor status.

A modo de paréntesis, decir, que entendemos las estrategias de patrimononialización, como lógicas sociales de adquisición de gran propiedad –la vivienda, por ejemplo–, por parte sobre todo de familias –en realidad la vivienda ocupa un lugar tan central muchas veces en la constitución de la familia, la cual está fuertemente ligada a la adquisición de vivienda– que centraliza parte de los esfuerzos de éstas como medio de reproducción y promoción de sus condiciones materiales y sociales de vida.

El gobierno de Aznar a través de la ley del suelo no hace sino relanzar la burbuja inmobiliaria, de tal modo que no sólo se refuerzan los procesos de patrimonialización ya existentes, sino que los procesos de microfinanciarización familar, así como el hecho de que la vivienda se convierta en un activo financiero, genera que las familias hagan uso de estos activos para obtener créditos y financiar sus compras. De este modo la financiarización se capilariza a través de toda la sociedad; la propiedad de vivienda –y por tanto las estrategias de patrimonialización– ocupan la centralidad de las prácticas de la sociedad. La reproducción pasa por la obtención de activos que sirvan como refuerzo de la renta obtenida por medio del salario. De hecho, dado que los salarios sufren un proceso de estancamiento durante las últimas décadas, la financiarización se convierte en el medio de refuerzo para soportar el estancamiento salarial. Véase la complejidad del proceso. La atomización e incluso desvertebración –en tanto que fuerza de trabajo lista para la venta– de la clase obrera se agudiza por medio de la deslocalización y los subsidios; del mismo modo la potenciación de los procesos de financiarización reintroducen de lleno las estrategias patrimonialistas dentro de amplios estratos. Asistimos de este modo a una profunda fragmentación en la configuración de las distintas clases, pero a la par, las estrategias patrimonialistas ocupan en gran medida la centralidad social y cultural, frente a las cuales la mayoría de la sociedad se siente identificada.

Por otra parte, las viejas redes clientelares heredadas del franquismo, la mayoría no depuradas en la transición, encuentran una nueva lógica instituida socialmente para reproducirse y encontrar nuevos nichos de poder. Redes clientelares en las cuales también se implican e insertan las burguesías regionales, así como las nuevas élites tecnocráticas, soportadas en las nuevas estructuras autonómicas y municipales a través del trinomio económico-institucional que conforman las cajas de ahorro, los gobiernos autonómicos y municipales, y las inmobiliarias y constructoras.

En los artículos siguientes, nos gustaría analizar las contradicciónes del movimiento por la vivienda. Entrando de lleno en las implicaciones históricas que han tenido la ruptura del ciclo de patrimonialización y financiarización histórico.

En los artículos siguientes, nos gustaría analizar las contradicciónes del movimiento por la vivienda, entrando de lleno en las implicaciones históricas que ha tenido la ruptura del ciclo de patrimonialización y financiarización descrito.

Ahora bien, los efectos de la crisis económica que comienza en 2007 rompen esta dinámica, la cual de hecho, dado el alza de cada vez mayor de los precios de la vivienda, venía deteriorándose tiempo antes. La crisis de 2007 rompe las estrategias patrimonialistas y de financiarización de la economía familiar que se habían dado hasta entonces. El efecto inmediato es que el precio de la vivienda se desinfla y al colapsar el sector de la contrucción –que según algunas estimaciones llegaba a constituir el 20% del PIB entre producción directa e indirectamente involucrada– crece el paro de manera galopante. A este factor se suma que los propios bancos se encuentran sin crédito, de tal modo que de pronto las familias encuentran que sus activos se habían desvalorizado estrepitosamente, tenían todavía deudas pendientes, se encontraban en muchos casos sin trabajo. El efecto inmediato es que la lógica pattimonialista instituida desaparece y las condiciones materiales sobre las que se había basado el régimen entran en crisis. Entra también en crisis la ilusión europeísta, así como la posibilidad de llevar a cabo políticas keynnesianas que fomenten el empleo –deteriorando definitivamente al PSOE como garante del régimen.

Como avance a la segunda parte de este texto, queremos señalar que no es arbitrario que movimientos sociales como el movimiento por la vivienda, la marea blanca o la marea verde hayan desbordado la capacidad de combate de los sindicatos. En el centro sigue estando, como antaño en las luchas sindicales, la reproducción de la fuerza de trabajo, sólo que hoy esa lucha por la autovalorización de la vida tiene más dificultades en la consecución de unos mejores salarios y se articula mejor en los lugares donde se lleva a cabo la reproducción de la fuerza de trabajo.

En el caso más concreto del Estado español, la atomización que ha vivido buena parte de las clases populares en el ámbito laboral, la imposibilidad de que la fábrica ocupara la centralidad para articular las luchas sociales ha desplazado el eje de lucha y defensa de la reproducción de la fuerza de trabajo fuera de la producción —la fábrica—, y lo ha trasladado a espacios de reproducción de la vida que se han convertido así en lugares de convergencia de distintos sectores de la población. Uno fundamental de ellos, la vivienda como lugar central de reproducción de las estrategias patrimonialistas para la reproducción material y social de las formas de vida de buena parte de la sociedad española.

1 Signorelli también considera de una enorme fuerza simbólica la búsqueda de la consecución de la propiedad de la vivienda entre las masas del campesinado italiano emigradas a las ciudades industriales tras las décadas que siguen a la posguerra.